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Popoli Indigeni

 

 

 

 

Kankuamos - Volver a ser indígenas  

 

Margarita Martínez

 

foto: http://www.lasc.ie.org

 

 

El lingüista Saúl Martínez habla  por el celular en "kankuañol", una mezcla de kankuamo y español, porque  todavía no domina todo el vocabulario para comunicarse exclusivamente en  el lenguaje de sus antepasados. Jaime Arias examina los diseños para  regresar a los atuendos tradicionales de una etnia que renace.  Mientras el mundo se homogeneiza y occidentaliza, este grupo de  descendientes de los kankuamos que habitan la Sierra Nevada de Santa  Marta, en el norte de Colombia, quieren volver a ser indígenas.

"La razón de este proceso es la más pragmática de todas: la  supervivencia", explica el gobernador del cabildo, Jaime Arias.

Los kankuamos eran uno de los cuatro pueblos que habitaban la Sierra  Nevada, junto con los koguis, los arhuacos y los uiwas. Según su  cosmogonía, cada una de las tribus representa una pata de la mesa, que es  la Sierra, y ellos son los guardianes del equilibrio del mundo desde esta  montaña que nace casi en el mar Caribe y se eleva hasta cumbres nevadas.

Sin embargo, como ellos estaban en la parte más baja y más accesible de la  montaña se mezclaron con españoles y negros y abandonaron sus raíces  indígenas hasta tal punto que perdieron su lengua, religión y costumbres.  Ya a principios del siglo XX, los antropólogos los consideraba un pueblo  mestizo.

La fiesta anual del Corpus Christi refleja esta fusión de culturas.  Hombres con vestidos de palma de iaca y sombreros adornados con plumas de  gallinas, representando la tradición indígena, bailan junto a otros con  atuendos de colores y provistos de espejos y maracas, que mueven sus  cuerpos bajo el ritmo de los tambores africanos. El sacerdote católico  encabeza la procesión que serpentea por las calles empedradas.

Esta tendencia a la fusión se revirtió con la expedición de la  Constitución de 1991, que otorgó generosos beneficios a los indígenas.

Los descendientes de los kankuamos vieron qué con las nuevas leyes las  otras tribus de la Sierra, que habían mantenido su identidad nativa,  eligieron representantes políticos, recibieron recursos económicos que  antes manejaban políticos con otros intereses y, sobre todo, expandieron  sus resguardos casi llegando a las tierras de los kankuamos.

"Aunque había en muchos el deseo de volver a las raíces, fue la lucha por  la tierra lo que inició este proceso de recuperación de lo indígena", dice  Martínez, un lingüista que ha recogido pacientemente las palabras que  dejaron sus antepasados en conversaciones con los "mamos" (jefes  indígenas) de las otras etnias de la Sierra o en libros que dejaron los  misioneros españoles.

El impulso final para esta transformación llegó hace más de un lustro de  la dolorosa mano de la guerra, cuando la venganza de los paramilitares,  por la convivencia forzada de los indígenas con los guerrilleros, se  extendió por las regiones habitadas por los descendientes de los  kankuamos, en el departamento del César, al norte de Colombia.

Atanquez, un bello pueblo de calles empedradas y tapizadas de mangos que  caen de los árboles, era considerado un bastión guerrillero. Las FARC y el  ELN, guerrillas con más de 40 años de rebeldía armada en Colombia, habían  hecho presencia luego que la policía se retiró ante la amenaza de un  ataque hace más de 15 años. Los rebeldes impusieron su ley y reclutaron a  los indios, algunos de los cuales hoy son comandantes en la guerra contra  el Estado.

Además convirtieron el pueblo en un lugar de paso en la ruta de los  centenares de secuestrados que la guerrilla capturaba en las sabanas del  Caribe y llevaba hasta la selva tropical de la sierra mientras negociaba  su rescate.

Entre los secuestrados figuró la ex ministra de cultura Consuelo Araujo,  quien murió en medio de una operación militar para rescatarla, no lejos  del resguardo kankuamo.

La arremetida de los paramilitares trajo más de 100 muertes en el  2003-2004 y el desplazamiento de más de 1.000 personas de esta región, que  tiene unos 12.000 habitantes en los últimos dos años.

"El conflicto colombiano ha colocado en situación de vulnerabilidad a  muchos grupos, pero los kankuamos son uno de los que corren más riesgo de  supervivencia física y cultural", dijo Roberto Meier, director para  Colombia de la oficina del Alto Comisionado para los Refugiados de  Naciones Unidas (ACNUR).

Pero el regreso a su cultura ancestral no ha estado exento de  cuestionamientos. Aunque ya el gobierno los certificó como etnia en 1997,  les aprobó el resguardo en el 2003 y les empezó a girar dinero para que  ellos mismos los administren, muchos creen que todo esto es una estafa.

"Estos tipos son unos vivos, ahora dizque son indios", dijo un profesor  universitario que vive en Valledupar, conoce a toda la dirigencia kankuama  desde antes de que se volvieran indios y prefiere no ser identificado para  evitarse problemas en un pueblo en donde todo el mundo se conoce, tiene  parentesco y la violencia ha afectado el modo de vivir.

Otros allegados al proceso también tienen cuestionamientos, como Rafael  Andrés Carrillo, el director de la Danza de las Negritas en la procesión  del Corpus Christi.

"Yo no soy enemigo del proceso, pero sí de las cosas mal hechas y hay  muchas cosas que se están inventando y no investigando en la tradición",  afirma Carrillo, también un consumado botánico y uno de los mayores  conocedores de las costumbres del pasado.

Los kankuamos aceptan que están de regreso a sus raíces, pero piensan que  es legítimo recrear una identidad, como afirma el gobernador kankuamo  Arias, quien sólo empezó a "mambear" (mascar) coca hace una década.

La religión es uno de los problemas principales al interior del proceso.  Para muchos, como Martínez, sin volver a las creencias de los antepasados  no hay regreso a lo indígena. Carrillo por su parte afirma que llevan 500  años siendo católicos y en las últimas décadas hay muchos que se volvieron  evangélicos y que no tiene sentido eliminar la historia.

Las discusiones continúan, pero el proceso de volver a lo indígena es  irreversible. "Ya verás que en unos diez años cómo todos estamos de  vestido con túnicas blancas, "poporo" (vasija para depositar la coca) para  mascar y sintiéndonos indios como eran nuestros antepasados", dice Arias,  quien todavía viste vaqueros y camiseta y piensa dar el paso al atuendo  tradicional pronto.

 

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Octubre de  2005

 

 

Latinoamerica-online 

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