El tejido social de una
nación, las redes, temas, acciones, proyectos y voces de la sociedad
civil, es lo que permite que exista un sistema de gobierno democrático.
Las
leyes no garantizan plenamente la mantención de la democracia, sino las
personas y las organizaciones sociales fuertes, organizadas y con expresión.
Pero los recursos con que este tipo de agrupaciones cuentan son limitados.
Por esto, el Estado, por medio de fondos públicos concursables, les
entrega financiamiento que les permitan fortalecer su gestión interna y
desarrollar actividades en temas que ellas consideran prioritarios, como
el caso del Fondo de Desarrollo de la Sociedad Civil, ejecutado por la
División de Organizaciones Sociales (D.O.S) del Ministerio de la Secretaría
General de Gobierno.
La permanencia y el asentamiento de una sociedad civil fuerte, además se
torna fundamental porque de ella surgen los nuevos temas que se discuten y
desarrollan en un país, por lo tanto, al otorgarles recursos se potencia
a la vez una apertura en las temáticas, el desarrollo de nuevas áreas y
una mayor cercanía a la realidad cotidiana de las y los ciudadanos.
“Los nuevos temas surgen de la vida misma, por eso son importantes las
organizaciones de base, que somos cables a tierra, somos la antena del día
a día. Lo interesante de esto es que si hay una red potente de
organizaciones de base que se expresen a través de los medios de
comunicación, van captando temas que desde la política no se captan”,
expresa Fernando Arraño, director del Consejo Ecológico de Melipilla.
Es el caso de los proyectos ligados al medio ambiente, un área de
preocupación y estudio relativamente nueva, pero que dentro de la
sociedad civil ya cuenta con gran cantidad y diversidad de organizaciones
que trabajan en ella y que, a través de sus proyectos, también han
accedido al financiamiento público del Fondo de Desarrollo de la Sociedad
Civil.
Gracias a los recursos obtenidos por medio de este Fondo, organizaciones
como Actitud Animal, una coordinadora de agrupaciones de defensa de los
animales, logró realizar un encuentro nacional que reunió a 150
representantes animalistas, quienes formaron una red.
“Es la primera vez que se realizó un encuentro. Habíamos formado una
red por Internet, nunca nos habíamos visto las caras y era un anhelo hace
tres o cuatro años, pero no contamos con los fondos. Cuando conseguimos
hacer el encuentro y ver que todo resultó bien, fue espectacular”,
cuenta César Sánchez, coordinador de Actitud Animal.
Una experiencia parecida vivieron organizaciones como el Consejo Ecológico
de Melipilla, que con estos fondos realizó una escuela de voluntariado
ambiental y acciones de limpieza de terrenos, o la Fundación Casa de la
Paz que ha desarrollado proyectos que, entre otras cosas, fomentan políticas
de educación para un desarrollo sustentable.
Sin embargo, para que las cosas funcionen, no se requiere solamente que el
Estado aporte recursos, también es necesario el esfuerzo y el interés de
parte las organizaciones sociales.
“Ha cambiado el rol del Estado, ya no es un Estado proveedor que tiene
que ser el que canaliza todos los recursos que se requieren para promover
estos temas de interés público. Desde el punto de vista de las
organizaciones sociales, es cómo hacer más eficiente el uso de recursos
limitados (…) Hay una gran competencia por esos recursos porque forman
parte de una fuente de financiamiento importante. Hay un desafío de
innovación para apalancar recursos de otras fuentes. Trabajar todos
juntos en función de un objetivo común”, señala Regina Massai,
directora ejecutiva de la Fundación Casa de la Paz.
Y por lo visto, la sociedad civil chilena energías le sobran. Al
contrario de lo que se dice normalmente sobre la apatía y el
individualismo nacional, cada vez que se abren las postulaciones al Fondo
de la D.O.S son cientos las iniciativas que presentan proyectos.
“Cada vez que hay un concurso, hay expectativas, es ver colas y colas de
organizaciones presentando proyectos y tú sabes que los recursos son
limitados”, afirma Arraño.
Para la directora ejecutiva de la Casa de la Paz, la alta concurrencia de
organizaciones que postulan a estos fondos demuestra cómo ha crecido la
sociedad civil en Chile y sus capacidades para desarrollar proyectos.
“Lo importante que uno ve ahí, en el Fondo de Desarrollo de la Sociedad
Civil, es que hay una mayor capacidad para presentar proyectos, que era un
déficit. Una cosa eran recursos limitados que no llegaban a las
organizaciones de base y, por otra parte, la incapacidad de parte de las
organizaciones sociales de poder postular o tener la información de que
estos fondos existen. Eso habla de que hoy hay más difusión, un acceso más
universal a estos fondos”, opina.
Asociatividad
Además de otorgar financiamiento a las organizaciones, este fondo pone en
sus bases condiciones que promueven la asociación y formación de redes
al interior del mundo social, con el fin de aunar esfuerzos, compartir
experiencias y conocimientos, además de hacer más eficiente el uso de
los recursos. De hecho, los proyectos que postulan a este fondo tienen que,
necesariamente, presentarse con una organización líder y otras asociadas
en el mismo objetivo.
“Se tiende a ver que es una torta chica que tenemos que repartir entre
muchos y no se ve que juntos podemos hacer crecer la torta, una torta más
grande que repartimos entre más. En el trabajo de construir confianzas y
consensuar acuerdos está la base para que estos fondos sean exitosos. Lo
que rescato del Fondo es que explícitamente promueve que uno se asocie y
para asociarnos tenemos que tener un objetivo, encontrar algo que a uno lo
lleve a hacer un proyecto en común, eso implica estar transfiriendo los
conocimientos y aprendizajes para poder compartir recursos y hacer crecer
la torta”, expone Massai.
Pero asociarse no es fácil. Además de buscar objetivos en común, se
deben crear las confianzas necesarias para desarrollar juntas y juntos un
proyecto, algo que no es muy común en estos días.
“La cultura de trabajo asociativo entre las organizaciones es muy dura y
cuesta construir confianza. Nosotros hemos hecho un esfuerzo de muchos años,
respetando la temática de cada organización”, dice Arraño, quien
cuenta que en Melipilla existen alrededor de 800 organizaciones de base.