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Teología gay es tratada en el Foro Mundial de Teología de la Liberación
Adriana Santiago -
Editora jefe de Adital
Porto Alegre - “¿Ser gay es pecado?”. Esa pregunta estuvo un día en el aire durante el Foro Mundial de Teología de la Liberación, que terminó hoy en Porto Alegre. Restricto a los participantes, propició charlas abiertas del 22 al 24 de enero, que llenaron el teatro de la PUC-RS. La pregunta en cuestión fue realizada a Tissa Balasay, teólogo de Sri Lanka, en la conferencia abierta del día 23 de enero, titulada “Religión para otro mundo es posible”, pero fue el filósofo venezolano radicado en Estados Unidos, Otto Maduro, quien la respondió el día siguiente, durante la conferencia ‘Teología para otro mundo es posible’. “Las elites acostumbran estereotipar a los oprimidos, no sólo para desestabilizarlos, sino haciendo una imagen propia de que son superiores. Olvidan que limitar la moralidad a una cuestión sexual es limitar el debate ético”.
Criticó a los teólogos de la liberación que pasan al costado del tema, como si no existiese o no fuese importante. Recuerda que la mayoría de aquellos que hacen teología de liberación son hombres celibatarios, que dejan la sexualidad presa en una camisa de fuerza, “y el chivo expiatorio es el homosexualismo”. Maduro afirma que hay una tendencia de los estudiosos, donde se incluye él mismo, en repetir la versión dominante, una introyección del opresor, de esta forma evalúa que las iglesias se dividen en el transcurso el tiempo y guardan silencio. “Una teología osadamente liberadora tiene que incluir el tema de la homosexualidad y de la
homofobia”.
Para Maduro, herejías duraderas tienden a convertirse en otras ortodoxias, y así, se están reproduciendo nuevas formas de opresión. “Las teologías dominantes tienden a verse como ciertas y las teologías de liberación critican parte del proceso y tienden a reproducir parte de esta misma ortodoxia dominante”. Así, afirma que es parte de la humanidad la necesidad de ser escuchado, de ser respetado y hasta de tener poder, por eso pidió disculpas por ser tal vez poco respetuoso con los teólogos presentes, pero acusó que los “silencios” encontrados en la teología de liberación son un reflejo de esto. Por eso sostiene que se debe tratar la sexualidad como una dimensión crucial, no sólo de los pobres y oprimidos, sino de todos, inclusive de los teólogos. Recuerda que quien más se beneficia de la opresión de la sexualidad son los sacerdotes católicos, hombres oprimidos, y es posible analizar su teología marcada por la especificidad. Toda la teología es particular, por lo tanto marcada por su proceso de producción, ya que el entorno físico social puede responder, o no, por el resultado. Y es de esa forma que explica como este resultado puede ser violento, opresor y hasta sadomasoquista.
El filósofo cuestiona sobre lo que la teología de liberación ha realizado en esas áreas personales, colectivas y eróticas. En su visión crítica, están olvidadas, “porque nos evadimos de ese aspecto de la vida humana en nuestros análisis teológicos”, sentencia. Y alerta que uno de los peligros de dejar de lado la sexualidad es la obstaculización de sí mismos al actuar junto a los oprimidos.
Al mismo tiempo en que fue duro con los teólogos hombres, valorizó la teología femenina, que han pensado cuestiones importantes como la violencia contra la mujer, la pobreza y la discriminación que todavía sufren cotidianamente. Ellas son capaces de percibir más que las teologías patriarcales, la manera de comprender a la iglesia, de una forma menos absoluta, falible, más vulnerable. La teología femenina ve una iglesia menos obcecada en conquistar nuevos fieles, pero que se aproxima más a aquellos que pueden estar más cerca de Dios. Son capaces de reconocer, criticar y desactivar los modos como el patriarcado ve a la iglesia, la evangelización.
Al final, Maduro trató sobre las víctimas de los socialismos reales, cuando gobiernos socialistas finalmente llegan al poder y tienen en la teología de la liberación un apoyo. Critica la forma de ver el tercer mundo con una mirada simplista, binario, sin la observación crítica de América Latina, pues hay una tendencia a ver sólo el lado positivo de los grupos que tienen la osadía de enfrentar el poder establecido. “Y no existe persona humana blindada de los males del poder”, sentencia. Alerta además que una doctrina no puede ser colocada al servicio del fin para el cual ella no fue creada. “La teología de liberación tiene que dar apoyo condicionado y crítico, desprendido y altruista. No a la necesidad de quien está en el poder, sino de aquellos que más sufren. Tenemos que ser portavoces de los sin voz. No se pueden justificar los abusos e ignorar las exclusiones, porque ellas también existen en los gobiernos socialistas”. Ahí habló, como ejemplo, de la forma crítica que ha observado la realidad cubana, que hace años que tiene el mismo mandatario y, a pesar de declararse defensor del régimen, “no podemos callarnos ante las injusticias”.
Traducción: Daniel Barrantes – bvr@ciudad.com.ar
www.adital.org.br 26 de enero de 2005
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