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| La
religiosidad popular y la reconfiguración del orden mundial
Tercer encuentro Cuba-México sobre religión Licda. María Ileana Faguaga Iglesias Mtro. Enrique López Oliva monitorhavana@enet.cu La religiosidad popular cubana, pese a sus especificidades, no es ajena al proceso que actualmente vive la sociedad mundial, donde se simultanean conflictos diversos –prácticamente en todas las sociedades humanas existe algún tipo de conflicto-, en medio de un proceso de reconfiguración, en el que están presentes criterios económicos y políticos, culturales y religiosos, de un Nuevo Orden Mundial hegemonizado por las corrientes neo-liberales, asentadas principalmente en los centros de poder de los EE.UU. y los países integrantes de la Unión Europea, y en sectores políticos, económicos y culturales de los países del llamado Tercer Mundo, que actúan en consonancia con éstos. 1. -Reconfiguración del Nuevo Orden Mundial.- La reconfiguración del Nuevo Orden Mundial que hoy se lleva a cabo, está aconteciendo en medio de los más abarcadores procesos globalizantes que ha conocido la humanidad. Procesos estos que se encuentran en fases transicionales, en las que se manifiestan muchas de sus contradicciones sin darnos casi tiempo a tomarlas en consideración o, al menos, a identificarlas. Pensando en términos de tiempo histórico, son demasiado recientes los inicios de estos procesos para que podamos hacer análisis conclusivos al respecto. En tal caso, apenas estamos en condiciones de dar cuenta de los fenómenos que se van suscitando, de sus dinámicas internas, y procurar visualizar la madeja de hebras que los interconecta, para tratar, sobre la marcha, de ir comprendiendo lo sucedido, que ya se va haciendo realidad también en nuestra cotidianeidad nacional. Las dinámicas que se están manifestando en los espacios religiosos y, específicamente, en las diferentes expresiones de la religiosidad popular -incluidas en estas las religiones populares-, guardan estrecha relación -y, por tanto, es preciso tratar de entenderlo en esa perspectiva-, con los actuales procesos globalizadores y globalizantes, que no incluyen a todas las sociedades ni, aquellas a las que comprenden, tienen los mismos niveles de participación. Fenómeno que se verifica también en Cuba. Si reconocemos que las globalizaciones comprenden un nuevo reparto del mundo entre las actuales potencias hegemónicas, debemos tener en cuenta que ese nuevo reparto abarca la lucha por el control de los espacios culturales / religiosos. El enfoque de este fenómeno obliga a tener presente, en los análisis que sobre religiones y religiosidades se realicen, cuáles son los focos emisores de estas –que algunos consideran “espontáneas”-, y cuáles las características de estos, así como las de sus focos receptores. El análisis debe contemplar que las globalizaciones no se generan sólo unilateralmente, desde las voluntades de los países que ejercen el poder central y hegemónico, sino que hallan eco, contrapartidas y respuestas desde los países semiperiféricos y periféricos, subalternos y subalternizados, como desde los propios sectores excluidos al interior de los países centrales. La búsqueda de imaginarios culturales / religiosos tradicionales, como la invención y reinvención de estos, la apropiación y reelaboración de códigos hegemónicos impuestos, son sólo algunas de esas respuestas, que están suscitándose también en las esferas culturales / religiosas. Actores sociales -homosexuales, mujeres, ancianos, niños, religiosos de base, representantes de minorías, etc- a los que no se les tomaba en consideración o eran escasamente valorados asumen protagonismos en estos nuevos tiempos, en una mezcla de intereses grupales y universales –ejemplo: lucha contra el consumo y comercio de drogas, cuidado del medio ambiente, etc.-, que sitúan a los estudiosos ante la necesidad de revisar viejas certezas en el análisis científico –por ejemplo, en los estudios sobre las clases sociales, la cultura, etc.-, y enfocar la mirada hacia situaciones novedosas como el establecimiento de las redes de protagonistas sociales en las actuales condiciones. Incluso, la propia categorización de redes está siendo hoy, a la par que muy socorrida, altamente cuestionada. En lo que sí apenas queda espacio para la duda en el análisis, es en el reconocimiento de la existencia de lo que pudiéramos considerar dos grandes bloques globalizadores –con sus respectivos espacios y niveles internos-. Uno de estos macro bloques globalizadores es el que viene impuesto desde las estructuras de poder de los países hegemónicos y sus aliados entre los países semiperiféricos y periféricos. El otro sería el bloque conformado desde las bases sociales de los países semiperiféricos y periféricos, que emplea los medios tecnológicos que pone a su alcance la globalización neoliberal, con la intención de establecer una red que vaya tanto en contra de las imposiciones globalizantes del Primer Mundo, como a favor del rescate de valores humanos esenciales, en eso que se ha dado en llamar “globalización de la solidaridad”, y que es ya considerada un proceso globalizador contrahegemónico. El término “globalización de la solidaridad” ha sido empleado en diversas ocasiones tanto por Fidel Castro como por el Papa Juan Pablo Segundo, pero con diversas concepciones: para Fidel Castro es una derivación del “internacionalismo proletario”, sustentado por el marxismo-leninista, mientras que para Juan Pablo Segundo posee un contenido evangélico cristiano, derivado de la moderna “Doctrina Social de la Iglesia Católica”, iniciada a finales del siglo XIX por el papa León XIII, desarrollada como respuesta católica ante el auge de las ideas socialistas (Alfredo Lucini, Cathechismo sociale cristiano, Milán (Italia), Arnoldo Mondadori Editore, 1992; Alfredo Lucini, Cristianesimo e socialismo, Génova (Italia), Casa Eritrice Marietti, 1990, dos tomos; Juan Pablo Segundo, Es necesario guiar y regular la globalización en beneficio de toda la familia humana, L’Osservatore Romano, Santa Sede, N. 20 – 16 de mayo del 2003, p.4 (268). 2. -Impacto en Cuba de crecientes relaciones con el exterior.- Las crecientes relaciones de la población cubana con el exterior, mediante el incremento del turismo internacional, los viajes de cubanos a otros países, la existencia de comunidades de cubanos viviendo en el extranjero, que mantienen relaciones con sus familiares y colegas en la Isla, más el creciente intercambio que favorecen las nuevas tecnologías de la información, han propiciado y propician, además de la creciente dinámica interna -de un proceso sostenido de más de cuarenta años de cambios políticos revolucionarios de diverso tipo, que han implicado modificaciones sustanciales en la vida del cubano y dejado profundas huellas en su personalidad-, cambios sustanciales en el imaginario del cubano y en sus formas de vivenciar la religiosidad popular. Aunque se mantengan factores ideológicos –el sistema político cubano es diferente al de la mayoría de los países, manteniéndose su proclamación socialista, todavía en Cuba subsiste un secularismo marcado por el ateísmo marxista soviético, y el embargo de Washington no deje de obstaculizar las relaciones del gobierno y el pueblo de Cuba con otros países-, que condicionan la evolución del imaginario cubano y de su religiosidad en general, así como otras limitaciones que obstaculizan el intercambio; irrumpen en la Isla nuevas corrientes religiosas y de pensamiento, en especial de los llamados “Nuevos Movimientos Religiosos” (NMR). (Manuel Guerra Gómez, Los Nuevos Movimientos Religiosos, Pamplona, España. Ed. Universidad de Navarra, S.A..2da. Edición, 1996. Revista Académica para el Estudio de las Religiones, Ritos y creencias del nuevo milenio. Ciudad de México. Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, ALER. Tomo tres. 2003.) Todavía la denominación de NMR es una categoría amplia y ambigua, que muchas veces oculta un sustrato ideológico conservador y hasta reaccionario de parte de los estudiosos en sus enfoques de la investigación científica. De manera que, cuando se habla de NMR, se incluye una vasta capa de corrientes religiosas y seudo-religiosas, en la que se suelen mezclar elementos cientificistas, de psicología profunda, ejercicios físicos y técnicas de concentración, alimentaciones especiales, peculiares formas de vestir y hasta supuestos contactos con extraterrestres. Tienen estos diversos tipos e improntas, que van desde el cristianismo hasta expresiones orientales -hinduismo, budismo, taoísmo, etc.-, pasando por la recuperación de antiguos cultos autóctonos de origen étnico. Suelen ser incluidas en estas denominaciones religiosas y hasta religiones a las que se pretende subvalorar y marginar. 3. -Análisis esquemáticos y superficiales.- En muchos talleres actuales suele abordarse –o, en ocasiones, presentarse de manera esquemática, superficial, y hasta manipuladora- la realidad religiosa y cultural de pueblos, como el cubano, que pueden ser considerados “pueblos nuevos”, cuyo sentimiento identitario es tan reciente –atendiéndonos a los tiempos históricos- y en cuya etno-génesis han intervenido pueblos diversos, en situaciones desproporcionadas y hasta antagónicas posiciones socio-económicas, lo que hoy se manifiesta implícita o explícitamente en sus estructuras sociales, culturales, económicas y políticas. La complejidad se acrecienta, al incidir en éstos análisis paradigmas y esquemas de pensamiento, metodologías y modelos, originados y trasladados de otros contextos, además de definiciones conceptuales impuestas por transnacionales medios masivos de comunicación, que aunque algunas resulten cuestionadas en determinados grupos académicos, no dejan de imponerse por su frecuente uso en la radio, en la televisión y en los despachos de las grandes agencias noticiosas, que acuñan su lenguaje y definiciones a los MMC del Tercer Mundo, contribuyendo a incorporarlas al lenguaje de la cotidianeidad. 4. -Ofensiva recolonizadora en el campo cultural.- La existencia de todo un esfuerzo sistemático de las fuerzas hegemónicas del Primer Mundo por imponer sus apreciaciones, por formar académicos dóciles estimulados por becas y hasta la oportunidad de cátedras en sus centros de educación superior y de investigación, el financiamiento de determinadas investigaciones y la exclusión o inclusión de temas según les convenga –ej.: racialidad, religión, etc.-, como el consiguiente aprovechamiento para sus objetivos de los resultados de investigaciones –que no siempre comportan el carácter de científicas-, la realización de cursos “académicos” para imponerles a “los tercermundistas” una visión “primer mundista” de su realidad, obstaculizan el desarrollo de las Ciencias Sociales desde las perspectivas propias en el llamado Tercer Mundo. Líneas de trabajo intelectual, como los tan difundidos “Estudios post-coloniales”, priorizada entre investigadores y académicos del “Tercer Mundo”, muestran la efectividad del “colonialismo intelectual” que aun subsiste, distorsionando acontecimientos pasados y presentes de las vidas de estos pueblos, desde posiciones que más que científicas en muchas oportunidades recuerdan la creatividad artística de la llamada “ciencia-ficción”. Consideramos de gran importancia en éstos momentos darle seguimiento al debate científico, en todas sus manifestaciones, sobre la problemática Norte-Sur y Sur-Sur –aun cuando, desde la perspectiva de muchos análisis teóricos que se realizan, el Sur viene siendo una entelequia que nunca ha existido-, así como trabajar en el desarrollo de una metodología inter-disciplinaria y trans-disciplinaria que haga énfasis tanto en la sincronía como en la diacronía de los complejos procesos actuales. 5. -Las respuestas no están sólo en las Ciencias Sociales.- Estimamos que las respuestas no están sólo en el campo de las Ciencias Sociales, Políticas y Económicas, en lo que se ha dado en llamar “cultura laica o profana”, sino también dentro del complejísimo y muchas veces contradictorio campo cultural y religioso, que incluye disciplinas, no del todo aceptadas por la ciencia laica, como las diversas formas de hacer teología, filosofía y de acercamientos al mundo religioso y espiritual. Debemos también tener cuidado, para no caer bajo el fundamentalismo intelectual –lo que ya ha acontecido con muchos desde las llamadas Ciencias Exactas, especialmente los economistas-, de concluir que las Ciencias Sociales son las únicas aptas para hacer éstos análisis, y para elaborar alternativas para el presente y el futuro de la humanidad. Obras como “El choque de las civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”, del Profesor Samuel P. Huntington, de la Universidad de Harvard (Samuel P. Huntington. Buenos Aires. Ed. Paidos. 1997), o, procurando acercamientos teóricos más contextualizados, como las de Néstor García Canclini -sin desdeñar los análisis que en su momento hiciera Antonio Granmsci, muchos de los cuales mantienen plena vigencia-, nos deben alertar sobre los peligros y prejuicios a que estamos abocados, y las reacciones ante éstos, que deben partir de un análisis mesurado y multidimensional, si queremos realmente esclarecer el momento que vive la humanidad y liberarnos de condicionamientos geopolíticos e ideologizantes, que en muchas ocasiones y sin que lo percibamos, responden a los intereses de los que pretenden seguir hegemonizando el control del mundo. 6. -Globalización y globalizaciones.- Actualmente, vivimos en lo que el profesor español Xavier Pikaza Ibarrondo, -profesor de Historia y Filosofía de las Religiones en la Universidad Pontificia de Salamanca (España)-, percibe como varios procesos simultáneos de globalización: una globalización genética, expresada en el genoma humano; una globalización lingüística, que se concreta en la comunicación social; una globalización religiosa, que permitiría a todos los pueblos compartir una misma posibilidad de experiencia y comunicación social, creando “religiones universales o globales”, entre las que cita las “monoteístas” (judaísmo, cristianismo e islam), que según el autor “unifican en Dios a todos los humanos”; una globalización racional o filosófica. “Hay diversos tipos de pensamiento, pero una única razón de fondo, que vincula a todos los humanos”; y la globalización “sistémica”, que organiza de un modo científico las relaciones económicas y políticas de la humanidad. Picaza advierte en su análisis –que es uno entre los muchos esquemas desde los cuales se están intentando explicar los procesos globalizadores-, que la sociedad actual enfrenta dos caminos: o nos abrimos a un futuro de comunicación universal en gratuidad –lo que para muchos es una utopía, pese a los adelantos científicos y tecnológicos, que continúan su acelerada carrera, introduciendo nuevos caminos y desafíos para humanidad-, o “destruimos nuestra humanidad en un tipo de unificación global sin ternura, ni piedad, que mata pueblos, culturas y personas’ (Xavier Pikaza Ibarrondo. Monoteísmo y globalización. Estella. Navarra, España. Ed. Verbo Divino. 2002.) 7. -Cambios en el campo religioso y cultural.- En el campo religioso se desarrolla actualmente una compleja lucha donde diversas corrientes tratan de hegemonizar sus enfoques y hasta controlar institucionalmente sus expresiones. Al tiempo que aparecen y se desarrollan nuevas corrientes religiosas fundamentalistas, que se entrelazan a discursos y proyectos políticos, e incluso sirven de base a agrupaciones políticas y grupos político-armados, que usan el imaginario religioso como basamento de su ideología y factor de movilización y entrega personal. Añádase a lo anterior el hecho de que la religión se ha convertido ya para tantos en un negocio lucrativo y el “trabajo religioso” incorpora, en formas crecientes, mecanismos de mercado. Elemento este que, en los análisis realizados por religiosos y académicos, suele enfarizarse como característica exclusiva de la religiosidad popular, en el caso cubano particularmente se centra este análisis al abordar las afro-religiones, pero que es perfectamente observable en prácticamente todas las religiones. Aunque algunos estudiosos opinan que las luchas en los contextos globalizados y globalizantes, en la esfera de la cultura, tienen lugar en torno a ejes no mercantiles –tales como: identidades, tradiciones, rituales, imaginarios, literatura escrita y oral, etc.-, y la UNESCO ha contemplado algunos de esos elementos como “patrimonio intangible de la humanidad”, lo cierto es que, productos que de estos derivan, los conforman, los sustentan o los fortalecen, hoy se comercializan en cualquier parte del mundo bajo la vendible etiqueta de “producto étnico”. Tal y como podemos adquirir una máscara africana en las calles de Italia, en los alrededores del Coliseo Romano, -perdiendo su uso básicamente ritual en su región de origen-, compramos una divinidad china en Cuba o un pequeño Eleggua en España. Lo que evidencia la interconexión existente entre los diferentes componentes –económicos, políticos y culturales, estatales y civiles- de las globalizaciones que están teniendo lugar. Hoy, pasan por la experiencia del marketing no sólo los productos religiosos que tradicionalmente han sostenido y estimulado –en procesos de flujo y reflujo- a la religiosidad popular –por ejemplo: medallas, oraciones, resguardos, etc.-, sino que también, y en primer orden en muchos casos, pasa por la propia experiencia la divinidad suprema, el mismo Dios –cualquiera que sea la manera en que se le denomine-, en nombre del cual se realizan exorcismos televisivos o hay hasta quienes aseguran haberle telefoneado en la búsqueda de soluciones a sus problemas. 8. -Los Medios Masivos de Comunicación y la religión.- En muchos países los mass medias -con lugar privilegiado para la televisión, la radio y los discos-, promocionan productos religiosos de las religiones institucionales como de las populares, incluidos en estos los rituales, con las mismas reglas de mercadeo con las que se promociona cualquier producto en el mercado. Los sacerdotes, en los medios de comunicación, se comportan como actores, a los que el espectador recibe en la intimidad de su hogar, con igual complicidad con que recibe a los actores de la telenovela de turno. Mensajes de Juan Pablo II pueden ser escuchados cuando se acciona el celular, la radio transmite los cultos, aparece por doquier literatura que invita al contacto con las divinidades, con “el más allá”, ofrecen “recetas” contra maleficios o indican como usar el Tarot. Para tal consumo, unas veces es preciso contar con dinero, otras, ni eso. Por esa vía, los medios de comunicación masiva contribuyen a la transnacionalización de símbolos, valores, y de todo cuanto se mueve en torno a la dinámica de las religiones. Estimulando a su vez la creación y consolidación de las industrias de productos religiosos, de la cual ellos mismos ya forman parte. Influenciando, paralelamente, en la conformación, sustentación y proliferación de diversas manifestaciones de religiosidad popular. En Cuba, diversos programas televisivos presentan la imagen, muchas veces distorsionada, arquetípica y maltratada, de los religiosos. Ha sido común que, cuando de afro-religiosos se trata, se les muestre en vinculo con sectores delincuenciales o, como representantes de estos. Toda una maquinaria, productora y comercializadora de productos religiosos, ya se ha conformado, y en su búsqueda de ganancias no sólo alcanza el mundo religioso, sino que ha estimulado el consumo de símbolos religiosos en el mundo profano, que ha ido asumiendo toda una estética ecléctica, entre religiosa y profana, sin que muchas veces se tenga conciencia de ello. Los medios tecnológicos, puestos al servicio de la comunicación y de la información, revolucionan de tal forma las realidades, que los sujetos con acceso a los mismos tienen acceso a tantas referencias culturales / religiosas, que resulta casi imposible que ello no afecte de algún modo sus subjetividades. En tal sentido, muchas veces los localismos se tornan globalismos, y los globalismos –que antes fueron localismos- se consumen localmente en otros espacios. No puede ignorarse la capacidad de movilización y de difusión de medios alternativos de información, que en manos de Organizaciones No Gubernamentales y de diversas grupos de base, entre los que figuran Asociaciones de Periodistas, académicos progresistas, grupos religiosos y hasta personalidades independientes, pero también grupos de derecha, ofrecen, aprovechando las nuevas tecnologías de la información, principalmente mediante páginas web, puntos de vistas propios, que aportan otras perspectivas. 9. – Identidad cultural y procesos globalizadores. - Siguiendo la perspectiva de los procesos globalizadores como cambios –entre lo nacional, la local, lo regional y lo global-, se experimenta lo que se ha dado en llamar el “juego de identidades”. (Hall, Stuart. A identidade cultural na pos-modernidade. DP&A Editora. Rio de Janerio, Brasil. 2003. P. 20.) Mas, frente a las disímiles voces que se alzan para insistir en la descentralización y crisis de las identidades, si nos atenemos a un análisis más cercano a las realidades sociales, coincidiremos con S. Hall, para quien: “(...) La idea de que las identidades eran plenamente unificadas y coherentes y que ahora se tornaron totalmente dislocadas es una forma altamente simplista de contar la historia del sujeto moderno”. (Ob. Cit. P. 24.) Recordemos que, a pesar de que los discursos nacionalistas y fundamentalistas nos dicen lo contrario –y si no lo hicieran, en qué presupuestos se sostendrían-, no existen grupos sociales absolutamente homogéneos, ni siquiera en las formas de vivenciar algunas de sus identidades. Es en las necesidades concretas que imponen las realidades cotidianas, añadido al peso que imponen las sociedades y sus tradiciones, que los individuos construyen y reconstruyen sus identidades, partiendo de subjetividades –impuestas y creadas-, siempre sujetas a la recreación. Actitudes creativas que son favorecidas o entorpecidas por los contextos en los que se desempeñan los sujetos, y con los que interactúan. Se explica en estas circunstancias la transnacionalización religiosa, y sus efectos sobre las identidades, como un proceso que no sólo es dirigido desde las instancias de poder, sino que se manifiesta también desde las bases de las sociedades, en una cada vez mayor interconexión, que genera apropiaciones y reevaluaciones de cuanto conforma los espacios culturales / religiosos. Surgen en esos espacios de contactos -de fronteras que se entrecruzan y, en ocasiones, hasta pudieran dejar de ser reconocidas como tal-, las denominadas “religiones a la carta” o “chapuzas” –términos que pueden ser considerados como subvaloradores de una realidad que merece no sólo seguimiento, sino respeto en los enfoques con que se les aborde, especialmente al enfrentar el hecho de que los cientistas sociales tenemos como objeto de estudios a los sujetos sociales-, que nosotros preferimos categorizar como “transreligiosidad”. Novedosa sería, en esas prácticas, la búsqueda por muchos de literatura que se refiera a sus diferentes componentes, cuando lo común ha sido que los individuos vivencien sus experiencias religiosas, en casi absoluta despreocupación de sus orígenes, historias, teologías, etc. 10. -Cambios en la cultura y la religiosidad populares.- No obstante considerar muchos estudiosos de los fenómenos culturales en las globalizaciones, que únicamente se imponen como globalizantes expresiones culturales locales del mundo hegemónico, en tanto esos elementos globalizantes son readaptados únicamente en los espacios físicos subalternos, lo cierto es que expresiones culturales populares oriundas del mundo subalterno -desde la música (salsa, merengue, reggue, etc.) hasta religiones populares (Regla de Ocha)- se van abriendo paso en los países centrales, que muchas veces las procuran para, tras su industrialización, exponerlas en el mercado mundial como atractivo “étnico”. Muchos de los conflictos que están teniendo lugar en el ámbito de las religiones, bajo la apariencia de luchas por los espacios culturales / religiosos, ocultan motivos económicos, u otros como: la etnicidad, la controversial racialidad, y la política, entre otros. 11. -Impacto de los cambios de la rapidez con que se vive.- La rapidez del mundo moderno, marcado por lo que se ha dado en llamar el “súper- industrialismo” –que muchos enmarcan en la post-modernidad y, otros, en una modernidad tardía-, que va dejando atrás las etapas pre-industriales e industriales, sobrevivientes, sin embargo, en muchas regiones de África, Asia y América Latina, e incluso en bolsones atrasados del Primer Mundo; y la globalización neo-liberal, que incide por diversas vías en la conducta de gran parte de la población mundial, y el fenómeno creciente de diversos tipos de resistencia -incluso violenta- (Revista Académica para el Estudio de las Religiones. ISLAM y la nueva jihad. Ciudad México. ALER. 2002. Paul Berman. The philosopher of Islamic terror. In The New York Times. March, 23. 2003. Pps. 24 y 67. Bruce Lincoln. Holy Terrors. Thinking about religión after september 11. Chicago, USA. The University of Chicago Press. 2003.) frente a una modernización neoliberal -entendida por muchos como “occidentalización”, derivada de un cristianismo secularizado que ha dejado atrás su impronta religiosa-, hegemonizada por EE.UU. y Europa, desatan una serie de conflictos de diverso tipo, que llevan a la búsqueda desesperada de nuevas referencias y asideros. Búsquedas de asideros y referencias que no siempre se procuran desde la novedad, sino puede que también se susciten desde la tradición, aun cuando sea redescubriéndola, reactualizándola, repensándola. Referencias y asideros que pueden ser encontrados igualmente desde la mixtura y síntesis, desde la transculturación y el sincretismo, desde la recirculación de valores culturales / religiosos. Para muchos el piso se mueve peligrosamente, al tiempo que se ahonda la distancia entre ricos y pobres. Muchos quedan sin empleos o se ven obligados a aceptar empleos en funciones menores y con salarios inferiores, o tratan de recalificarse, y trasladarse incluso de esfera laboral, si quieren seguir optando por trabajos que puedan satisfacer sus crecientes necesidades o que simplemente cubran sus hábitos de vida y sus necesidades más apremiantes, en un mundo dominado por un afán consumista, donde se multiplican las necesidades: reales y artificiales. Algunos autores, como el estadounidense Alvin Tofler, consideran que “la confusión y la incertidumbre originadas por la transitoriedad, la novedad y la diversidad, pueden explicar la profunda apatía que desocializa a millones de seres humanos, viejos y jóvenes” (Alvin Tofler. El shock del futuro. Barcelona España. Ed. Plaza & Janes. 1993. P.384.) Antes de los sucesos del once de septiembre del 2001 en los EE.UU., y después de la caída del Muro de Berlín, el sociólogo español, Ricardo Diez-Hochleitner -presidente del Club de Roma-, admitía que en “vísperas del tercer milenio, hay en todo el mundo un sentimiento de inseguridad y ansiedad” (Prólogo a la obra. Los límites de la cohesión social. Editada por el también sociólogo, el estadounidense Peter L. Berger, profesor de la Universidad de Boston, resultado de una investigación patrocinada por la Fundación alemana Bertelsmann, sobre conflicto y mediación en las sociedades pluralistas. Madrid, España. Galaxia Gutemberg/ Círculo de lectores. Barcelona. 1999. P. 11.) Nadie en la actualidad puede vivir al margen del “shock cultural” del futuro -que comienza a verificarse en el presente, con diversos grados de intensidad-. Ya no se puede vivir al margen de los cambios que se suceden en el entorno, que se extienden a un ritmo de creciente velocidad –que cambia las hasta ahora establecidas dimensiones de tiempo y espacio-, y obligan a elegir entre una diversidad de opciones, muchas de ellas vitales, de impacto profundo en sus vidas, para las cuales no siempre se está preparado. Creciente diversidad de opciones que sirven de estímulos a unos, desorientan a otros, y, hasta son percibidas por algunos como amenaza: al “orden” establecido o, a su posición individual. 12. -Conflictos en las identidades.- En la medida en que los discursos e imágenes que se reciben a través de las migraciones, el turismo, los medios de comunicación, la literatura, etc., interpelan o refuerzan las identidades de quienes los reciben, se ponen a prueba las capacidades de las que les ha dotado su cultura –también religiosa- para enfrentarse, readaptarse o dejarse acultural. Lo que sí queda claro es la necesidad de reconocer a los individuos como sujetos, capaces de actuar, a favor o contra, de las influencias ambientales, aun cuando estas puedan llegar a constituir verdaderas agresiones. Advierten, en tal sentido, los profesores portugueses Carlos Fortuna y Augusto Santos, que “entre cosmopolitas y locales se establece una relación comprometida y tácita de sobrevivencia mutua, impuesta por los límites de la homogenización cultural y por el riesgo de la diversidad”. (Fortuna, Carlos y Santos, Augusto. “A cidade do lado da cultura: especialidades sociais e modalidades de intermeciacao cultural”. En: Sousa Santos, Boaventura de. Organizador. A globalozacao e as Ciencias Sociais. Editora Cortez. Sao Paulo, Brasil. 2002. P. 449.) Mientras los individuos, en tanto sujetos –lo que quiere decir, en activo-, ejercen su conciencia crítica frente a las avalanchas globalizadoras, las culturas y religiones pueden ser percibidas como refugios, mas también como contención, como murallas que protegen o que deben ser rebasadas. 13. -Cambios en el panorama religioso cubano.- La
vuelta, el inicio, o el cambio en ciertas prácticas religiosas, de
manera más o menos consciente, por cubanos de todos los grupos sociales,
de diferentes orígenes raciales y de diversas etnicidades –concibiendo
la etnicidad como cultura-, bien pudiera reflejar en ocasiones el
enfrentamiento a una tradición cultural / religiosa que les asfixia,
mas, en otros, la elección del mundo cultural / religioso con el cual,
aun sin pertenecer originalmente a esa tradición, se identifican, o,
simplemente, ratificar su conformidad con aquel en que están, aunque
sea por la fuerza de la tradición, insertados. Opción individual que
puede ser fruto de la identificación con la tradición local o, con una
tradición exógena a la que se llega por contactos transnacionales. En Cuba, como en otros países, se desarrollan actualmente nuevas formas y estilos de prácticas religiosas –de las que no siempre se tiene conciencia de estar participando-, enriqueciéndose el imaginario cultural / religioso con nuevas expresiones y símbolos, y también con intentos de retorno a antiguas prácticas. El sincretismo que está teniendo lugar entre el Vodou y la Santería, así como el intento de retorno a algunas prácticas que se dicen aborígenes, aunque sea minoritario y muchas veces pase inadvertido para la población y hasta para los estudiosos, son algunos ejemplos de lo sucedido en este sentido. Baste sobre éste aspecto mencionar la vuelta dentro de la Iglesia Católica, al fomento de la práctica del “rezo del rosario en familia”, y de homilías marcadamente eclesiológicas, atemporales, divorciadas de la dinámica social. Estrategia calificada por algunos sociólogos de “vuelta atrás”, en un intento desesperado por restablecer valores del pasado. Asimismo puede enmarcarse la inserción, en ciertos espacios cristianos cubanos, del carismatismo, como muestra de lo que aquí está sucediendo en la religiosidad popular, que en ocasiones también influye en las estructuras de las instituciones religiosas. De hecho, el metodismo en Cuba ya ha sido penetrado en sus estructuras de poder por la corriente carismática. Retorna la moda de la lectura de los horóscopos, que se buscan ávidamente en Internet, y que se circulan entre amplios segmentos de la población, incluso dentro de sectores profesionales e intelectuales. El seguimiento del resultado oracular afro-religioso conocido como “Letra del Año”, se extiende mucho más allá del pueblo afro-religioso cubano. Pudiera decirse que, por su repercusión, comienza a instituirse como expresión cultural del pueblo cubano –sin que exageremos su connotación-, en la medida en que sus presagios y recomendaciones van siendo reconocidas como importantes para tantos cubanos, sin distinción de sectores sociales, origen socio-cultural, color epitelial, espacio físico, e ideología. Las cartománticas aparecen –incluso, públicamente, en la antigua Plaza de la Catedral-, en áreas dominadas por el turismo dolarizado, que impacta de diferentes maneras y, en especial, en la juventud, en la vida de la población cubana; los adivinos, cultos como la “Nueva Era”, los Rosacruces, grupos de impronta orientalista -como los yogas-, nuevos o renovados grupos religiosos surgidos de desprendimientos de denominaciones cristianas protestantes y evangélicas, asentadas en la Isla desde finales del siglo XIX y principios del XX, e incluso diversas tendencias islámicas han aparecido en la Isla, inspirándose en el islamismo caribeño, el islamismo negro estadounidense y el procedente de África. No son ajenas a éste proceso embajadas extranjeras, que estimulan o apoyan a algunos de estos grupos. Y no faltan las representaciones extranjeras que intentan influir en la política interna, propiciando cambios concordantes con su sistema político, mediante el fomento de diversos tipos de instituciones, con vinculaciones a grupos de oposición política radicados en el exterior, principalmente en Miami. Hay que señalar además la labor proselitista de “turistas-misioneros” -procedentes principalmente de los EE.UU., aunque también de agencias y centros religiosos ubicados en otros países, incluso de América Latina y de Europa-, que son apoyados propagandísticamente por emisoras de radio de onda corta, y que en ocasiones compran a algún líder religioso por unos pocos dólares y con promesas de apoyo económico, así como de invitaciones a cursos de formación en el exterior, para iniciar “obras” religiosas en la Isla. Ningún grupo religioso cubano, lamentablemente, escapa a éste proceso, en mayor o menor medida. Todo lo anterior tiene lugar dentro de una gran movilidad religiosa, fenómeno, por supuesto, no exclusivo de Cuba. Conocemos a un antiguo militante sindical comunista, que hacia pocos años formulaba pública confesión de ateísmo, a partir de una “formación marxista”, adquirida en manuales soviéticos, y que actualmente cada sábado y domingo, pese a pertenecer al núcleo de jubilados de militantes del PCC de la cuadra donde reside, asiste a un templo o un espacio religioso diferente en busca, según confiesa, de “algo” que no tiene del todo claro, pero que, según él, necesita en su vida. Este pudiera se clasificado, según el criterio del antropólogo chicano Carlos Garma, como un “buscador”. También conocemos a activos creyentes cristianos pentecostales que se convirtieron en católicos de comunión dominical, para luego retornar a su antigua iglesia pentecostal, así como católicos que se hacen pentecostales o se suman a grupos carismáticos de Iglesias como la Metodista. A afro-religiosos que asisten, con conocimiento y aceptación de sus pastores, a los cultos de la Iglesia Episcopal, o que han lanzado al mar las representaciones de sus “orishas” (deidades) e instrumentos religiosos, al incorporarse militantemente a un grupo cristiano de corte fundamentalista, y asumen al pie de la letra una determinada versión de la Biblia, como la “palabra de Dios”. Muchos cubanos históricamente han simultaneado diversas prácticas religiosas. Una relación especial existe entre el Vodou (tanto el cubano, donde se mezclan elementos del Vodou africano y haitiano y la “santería” cubana, con la religiosidad católica popular de origen hispano), y otras expresiones religiosas afro-cubanas y el catolicismo, pese a que la jerarquía católica los discrimine y los considere “católicos a los que hay que depurar de supersticiones” o, más radicalmente, los considere “cualquier cosa menos católicos”. Para la mayoría de los evangélicos las religiones afro-cubanas son “manifestaciones diabólicas”, “satánicas”, “demoníacas”. Algunos cubanos que van con frecuencia a algún templo o actividad religiosa -los cultos afro-cubanos, se caracterizan por sus actividades festivas, donde se baila y come, y en muchos templos evangélicos se sirve un almuerzo o una buena merienda, luego del culto religioso, y se reparten “jabitas” (bolsas de plástico) con artículos de primera necesidad, como sucede en algunos centros de trabajo-, lo hacen no porque crean en lo que allí se dice o se hace, sino simplemente porque se sienten bien allí, van a pasar un buen rato, buscar a veces pareja, revivir una antigua estabilidad o procurarla. Estas personas encuentran en el espacio religioso, lo que les falta en otros espacios seculares. Esta movilidad en los espacios culturales / religiosos cubanos nos recuerdan que, como alertara la estudiosa Seyla Benhabib, contra una teoría del sujeto como dado y constituido, hay que atender la capacidad de acción y de afirmación del control por parte de los individuos. (Benhabib, S. Situating the Self: Gender, Community and Postmodernism in Contemporary Ethics. Polity Press. Cambridge, G. B. 1992. En: Sousa Santos, Boaventura de. A globalizacao e as Ciencias Sociais. Editora Cortez. Sao Paulo, Brasil. 2002. P. 525.) Ante las excesivas preocupaciones que han mostrado, especialmente en los últimos años, muchos estudiosos en Cuba –como en otras partes del mundo- con relación al tema de la identidad nacional y, en esta, al tema de la movilidad religiosa que se está experimentando, es oportuno insistir en que las identidades no son algo estático, sino que están en evolución y, en periodos transicionales como los que hoy tienen lugar en el mundo, estas son más proclives a expresar esos cambios con mayor visibilidad. Los referentes identitarios, anclados siempre en las tradiciones –que son las que nos permiten la tranquilidad de sentir que tenemos raíces-, van cambiando también y, lo que antes fue tradición para determinadas generaciones, puede que no lo sea para otras. Proceso que tiene lugar a nivel local y nacional. De hecho, si para un nutrido grupo de cubanos afro-religiosos, parte sustancial de su tradición estuvo en la conservación de la lengua yoruba en sus prácticas rituales, no siempre se cumple esto entre los practicantes con menor tiempo de iniciación, sin que por ello dejen de comunicarse con vehemencia y fe con sus divinidades. Y es que, en las identidades, no sólo la tradición, sino también la modernidad –o, la post-modernidad-, es decir, el presente –desde el cual se crea un proyecto de vida que de sentido en el tránsito hacia el futuro-, tienen un peso importante, estableciéndose una relación dialéctica que concede cohesión a la diversidad. En el caso cubano se torna importante destacar los focos emisores de religiosidad desde los cuales, actualmente, nos estamos nutriendo. Si muchos insisten en que, culturalmente, únicamente los países del Primer Mundo pueden ser focos emisores, y, a los países del Tercer mundo corresponde fungir como focos receptores, pareciera que en Cuba se altera ese patrón. Conocemos de la presencia de pastores y sacerdotes católico-romanos llegados desde Haití y Republica Dominicana; de haitianos, africanos, japoneses, italianos, franceses, españoles, mexicanos, venezolanos, estadounidenses..., que vienen a Cuba para iniciarse en las afro-religiones; de cubanos que inician su período de aprendizaje del islamismo de la mano de islámicos africanos, caribeños y estadounidenses; de cubanos que se inician en los caminos de la Nueva Era, de la mano de europeos y de latinoamericanos; de estadounidenses que descubren en Cuba la parte religiosa afro que les fue negada en su país y hacen el peregrinar a África y Brasil para enriquecerla aún más; de iglesias evangélicas cubanas que tienen estrechos lazos de relaciones con sus homólogas alemanas –de las que se dice han perdido la espiritualidad- pero también con sus homólogas brasileñas –que desbordan emotividad-; de espíritas que están en estrecha relación con sus hermanos religiosos de Francia y de Brasil, entre otros. Las relaciones, en el ámbito religioso, de la comunidad cubana en el exterior, en especial de aquella asentada en Estados Unidos –que es la más numerosa y geográficamente más cercana-, con la Isla, incide igualmente en los cambios que hoy se están manifestando en el panorama religioso cubano. Importante es tener en cuenta que esa comunidad no es homogénea y que, muchas veces, en su necesidad de recontextualizarse, y en contactos con otras comunidades allí asentadas –latinas o no, procedentes del Primer o del Tercer Mundo-, ella misma está experimentando cambios de los que no siempre es consciente. Cuba, pequeña isla y con una población que numéricamente no es importante a nivel global, se convierte a la par en foco receptor y en foco emisor de religiones, haciendo locales procesos culturales globales, y conduciendo hacia la globalización elementos que, en su espacio físico, han sido y muchas veces siguen siendo locales. 14. -Religión y educación.- Todo un sistema educacional paralelo al estatal se desarrolla en locales aledaños a los templos religiosos, donde se imparten cursos sobre computación, idiomas -inglés, francés, italiano, portugués y otros; hay una creciente emigración hacia países en los que se hablan éstos idiomas, y una necesidad creciente de conocer otras lenguas si se aspira a un buen empleo-, sociología e historia de las religiones, comunicación social, primeros auxilios y otros temas, a los que asisten muchas personas que no son feligreses. Lo anterior se desarrolla en medio de una ofensiva educacional, parte de una denominada “batalla de las ideas”, –para sus críticos cargada de elementos ideológicos-, que incluye significativos cambios en el sistema de enseñanza estatal, incorpora modernas tecnologías a la labor educacional, reduce los grupos de alumnos a quince por un profesor, muchas conferencias son impartidas por medio de videos y se utiliza la computación, de la que disponen hasta las escuelas más apartadas del interior del país. El acceso, aunque limitado, pero muchos aprovechando las computadoras de sus centros de trabajo, a INTERNET, ha abierto a los cubanos un horizonte de contacto con un mundo cultural y religioso más amplio y diverso, que el que ofrecen las instancias educacionales y culturales estatales, dominadas por un enfoque monoideológico, trazado por el PCC, la única organización política autorizada en la Isla y a la que pertenecen la mayoría de los cuadros dirigentes de la nación. En medio de esta situación, los centros religiosos –sean o no Iglesias- representan un campo de educación informal o alternativo que, en cierta medida, contribuye a pluralizar la práctica educativa en Cuba, cuya política educacional no contempla la existencia de espacios privados. Lamentablemente, muchos de esos espacios educacionales alternativos, a la par que realizan una labor positiva en la expansión de conocimientos necesarios y solicitados por una parte numéricamente importante de la población, también reproducen líneas de pensamiento provenientes de contextos que no siempre están en sintonía o se encuentran realmente distantes de nuestras necesidades socio-culturales. No ha de extrañarnos, entonces, que las manifestaciones de religiosidad popular y las propias religiones populares, tendientes a ser consideradas por las instituciones religiosas como transgresoras e ilegítimas –pues su carácter espontáneo dificulta el control institucional-, continúen siendo espacios marginados y subalternizados por parte de esas instituciones, encargadas de imponer la ortodoxia en términos religiosos. La guía recién elaborada por las autoridades vaticanas, intentando regular las manifestaciones de catolicismo popular –tengamos en cuenta que, “un catolicismo ‘popular’ representa, a los ojos de la ortodoxia, una forma descalificada de práctica e imaginario” (Rodríguez Brandao, Carlo. “Ser católico: dimensoes brasileiras un estudo sobre a atribuicao através da religiao”. En: Religiao e identidade nacional. Edicoes Graal LTDA. Rio de Janeiro, Brasil. 1988. P. 55)-, como la propia existencia de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba –intentando dar cobija a las populares religiones afro-cubanas, no todas de origen yoruba, esforzándose por institucionalizar religiones que han sobrevivido precisamente gracias, entre otros factores, a su atomización, e ilegitimando a otros grupos afro-religiosos existentes en el país-, pudieran ser interpretados como intentos desesperados de control, en ambos casos y, por la vía de la imposición de una ortodoxia, a manifestaciones populares de religiosidad que no sólo tienen el peso de sus propias historias, sino que tienden al crecimiento entre variados sectores de la población en los últimos tiempos 15. -Conclusión general.- Grandes cambios se presagian para un futuro a corto plazo en Cuba, lo que provoca expectativas de diverso tipo y no deja de inquietar a grandes núcleos poblacionales, muchos de los cuales vuelven su mirada hacia el mundo religioso en busca de respuestas y de aliento para sus vidas. Todo indica que el campo religioso cubano podrá desempeñar un papel aún más importante en los próximos años en la Isla, dependiendo en buena medida de la capacidad de los líderes religiosos de ser capaces de encauzar las inquietudes y las necesidades de la población, sin caer en posiciones sectarias y dogmáticas –que hoy abundan-, y de discernir con creatividad los cambios sociales, sin caer en intentos de manipulación politiqueros, que les resten credibilidad, y usando a la economía, sin dejarse subyugar por sus tentaciones. Los cientistas sociales, si pretendemos comprender esos fenómenos y dar cuenta de estos al resto de la sociedad, deberemos procurar seguirlos, interactuando con los mismos desde nuestras disciplinas –cada vez más necesariamente interconectadas-, mas sin permitir que nos subsuman. La Habana, 3 de septiembre del 2003. - Agradecemos cualquier comentario o sugerencia. |
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