Latinoamerica-online

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Voci dall'America Latina

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

Altre Voci dall'America Latina

 

Le pagine della cultura

Y Monterroso aún estaba ahí   (25 febbraio 2003)

José María Merino - Cien

Fanny Buitrago - Los noctuidos  

Nicolás Suescún -  El retorno de drácula  

Héctor Rojas Herazo -  Un agujero  

Triunfo Arciniegas - El tamaño del miedo - Pequeños cuerpos  

Héctor G. Oesterheld - Génesis  

Luis Landero - Breve antología de la literatura universal  

Pere Calders - Nunca se sabe  

Ramón Gómez de la Serna - El gato que vuela  

Poli Délano - Amor Ideal

Luis Mateo Díez - La carta

 

Todos los cuentos  de esta página nos fueron enviados por Cronopios - Agencia de Prensa - Periodismo  para el Arte y la Cultura [lunes 17 de febrero de 2003]  

"El escritor Triunfo Arciniegas nos ha hecho llegar estas páginas del Diario El Universal, de Cartagena [16 de febrero de 2003]. que dirige el escritor David Lara, quien siempre atina con contenidos que sobresalen en el abanico de suplementos culturales de los diarios colombianos. De la selección de Triunfo, una edición de Cronopios, que una vez más aprovecha para rendir homenaje al pequeño gran Tito Dinosaurio."  (El Defensor del ocio - por Ignacio Ramírez )   defensordelocio@cable.net.co

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mondocaraibi@yahoo.it

 

Cien

Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. “Te noto mala cara”, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina.  

José María Merino (España, 1941)

Los noctuidos

 

Hay ciertos insectos que nacen al amparo de la noche cerrada. Crecen, procrean y mueren antes del amanecer. Nunca llegan al día de mañana. Sin embargo, experimentan segundo a segundo, la intensa agonía de vivir, se aparean con trepidante gozo y luchan ferozmente para conservar sus territorios vitales, sus lujosas pertenencias: el lomo de una hoja, la cresta moteada de un hongo o el efímero esplendor del musgo tierno besado por la lluvia.

Quizá —instintivamente— en un punto ciego entre la muerte implacable antes del estallido del sol matinal y la promesa infinita, telúrica, de la evolución hacia un estado superior, dichos insectos se frotan las patas lanzándose a una lucha fratricida. Envanecidos con la tentación de liquidar a sus semejantes y dominar el mundo.

Fanny Buitrago (Colombia 1945)

El retorno de drácula

Es cierto. Se fue y dejó de venir durante muchos años. Los niños crecieron. Mire lo grandes que están: ya todos tienen gafas y van a la universidad.

Ellos no lo reconocieron. Pero entre él y yo las cosas pasaron como si no hubiera ido nunca. El mismo día que volvió nos dimos cuenta. No había cambiado nada. A los minutos estábamos donde habíamos empezado, cuando nos casamos hace ya tiempo.

El me dijo que no quería sangre para la comida. Yo le dije que no había nada más.

Nicolás Suescún (Colombia, 1937)

Un agujero

Le pregunto al tendero gordo, con toda seriedad:

-¿Usted es Dios, señor?

Y él me responde, mientras corta trocitos de jamón, mientras mueren poco a poco sus ojos:

-No, no soy Dios, pero sí lo conozco.

-¿Cómo es él? —le pregunto.

Y él me responde:

-Es así.

Y me da su tamaño, su peso, sus medidas.  

Héctor Rojas Herazo (Colombia, 1921-2002)

El tamaño del miedo

El loco estaba tirando piedras a diestra y siniestra cuando surgió el camión, cuadras más allá, primero del tamaño de un juguete, luego del tamaño del miedo, verde y repleto de soldados, y el milico se bajó, lo amenazó con el arma desenfundada, y el loco tiró piedras, piedrecitas, polvo, se fue.

Pequeños cuerpos

Los niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron.

Triunfo Arciniegas (Colombia)

Génesis

Y el silencio creó a Dios, a su imagen y semejanza.

Y hubo amor, y placer, y virtud en el mundo. Y los días fueron largos, demasiado largos.

Entonces el hombre creó al Demonio, a su imagen y semejanza. Y hubo así amor y odio en el mundo, placer y dolor, virtud y pecado.

Y los días fueron cortos, muy cortos.

Y fue bueno vivir.

Héctor G. Oesterheld (Buenos Aires 1917)

 

En 1977 pasó a engrosar la lista de desaparecidos del gobierno militar

 

Oesterheld è stato lo sceneggiatore dei più grandi disegnatori di fumetti, molti dei quali italiani come Hugo Pratt, Giovanni (Juan) Zanotto, Dino Battaglia, Ivo Pavone e  gli argentini Arturo del Castillo, Alberto Breccia, Gustavo Trigo, Horacio Lalia e  Francisco Solano Lopez.

Sulla mostra organizzata in occasione dei 25 anni della sua scomparsa, vedi:

¿Donde está Oesterheld? - Il fumetto argentino desaparecido

Breve antología de la literatura universal

Canta, Oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad de andar de la vida, uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la calavera, otro se proclamó Melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro quedó ciego tras la nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, Oh Diosa, con tu canto general, a la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones perdidas, y al verde viento y a las sirenas y a mí mismo.

Luis Landero (España, 1948)

Nunca se sabe

De las cuatro ruedas del coche, había una que giraba al revés. Pero era la buena, porque intentaba alejarnos de una curva que nos destrozó a todos.

Confesión

Mi novia me dijo que un pecho sí, pero que el otro no, porque lo tenía apalabrado. Colérico y egoísta, perdí el único que quedaba disponible.

Pere Calders (España, 1912-1994)

El gato que vuela

Al gato que vuela no lo suelen ver más que los trasnochadores impenitentes, y eso si no pierden de vista la perspectiva de los tejados.

El gato que vuela no es que vuele seguido en el cielo de la madrugada, porque entonces sería un gran murciélago, sino sólo hacen una cosa: que salta de alero a alero atravesando la calle, como si volase.

Como los naturalistas nunca andan por las ciudades de cuatro y media a cinco de la madrugada, no han podido anotar ese salto maravilloso —más vuelo que salto— que engatuña el cielo delirante en el entrevero de la noche y el día.

Ramón Gómez de la Serna
(España, 1888, Argentina, 1963)

Amor ideal

Después de largos años de paciente y afanosa búsqueda, J, dio por fin con esa novia, esa mujer única a la que un hombre jamás debe dejar pasar. Ella tenía los colmillos largos y agudos; él tenía la carne blanda y suave: estaban hechos el uno pare el otro.

Poli Délano (Chile, 1936)

La carta

Todas las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el portafolio y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi suicidio.

Luis Mateo Díez (España, 1942)

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