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Latinoamerica-online Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi |
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Voci dall'America Latina
di Mariella Moresco Fornasier
Altre Voci dall'America Latina
Y
Monterroso aún estaba ahí
Fanny
Buitrago - Los
noctuidos
Nicolás
Suescún - El
retorno de drácula Héctor
Rojas Herazo - Un
agujero Triunfo
Arciniegas - El
tamaño del miedo Héctor
G. Oesterheld - Génesis
Luis Landero - Breve
antología de la literatura universal Ramón
Gómez de la Serna
- El
gato que vuela
Todos
los cuentos de esta página nos fueron enviados por Cronopios
- Agencia de Prensa "El escritor Triunfo Arciniegas nos ha hecho llegar estas páginas del Diario El Universal, de Cartagena [16 de febrero de 2003]. que dirige el escritor David Lara, quien siempre atina con contenidos que sobresalen en el abanico de suplementos culturales de los diarios colombianos. De la selección de Triunfo, una edición de Cronopios, que una vez más aprovecha para rendir homenaje al pequeño gran Tito Dinosaurio." (El Defensor del ocio - por Ignacio Ramírez ) defensordelocio@cable.net.co La mappa di tutte le nostre pagine
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CienAl
despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. “Te
noto mala cara”, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la
cocina. José María Merino (España, 1941) |
Los noctuidos
Hay
ciertos insectos que nacen al amparo de la noche cerrada. Crecen, procrean
y mueren antes del amanecer. Nunca llegan al día de mañana. Sin embargo,
experimentan segundo a segundo, la intensa agonía de vivir, se aparean
con trepidante gozo y luchan ferozmente para conservar sus territorios
vitales, sus lujosas pertenencias: el lomo de una hoja, la cresta moteada
de un hongo o el efímero esplendor del musgo tierno besado por la lluvia. Quizá
—instintivamente— en un punto ciego entre la muerte implacable antes
del estallido del sol matinal y la promesa infinita, telúrica, de la
evolución hacia un estado superior, dichos insectos se frotan las patas
lanzándose a una lucha fratricida. Envanecidos con la tentación de
liquidar a sus semejantes y dominar el mundo. Fanny Buitrago (Colombia 1945) |
El retorno de dráculaEs
cierto. Se fue y dejó de venir durante muchos años. Los niños crecieron. Mire
lo grandes que están: ya todos tienen gafas y van a la universidad. Ellos
no lo reconocieron. Pero entre él y yo las cosas pasaron como si no hubiera ido
nunca. El mismo día que volvió nos dimos cuenta. No había cambiado nada. A
los minutos estábamos donde habíamos empezado, cuando nos casamos hace ya
tiempo. El
me dijo que no quería sangre para la comida. Yo le dije que no había nada más. Nicolás Suescún (Colombia, 1937) |
Un agujeroLe
pregunto al tendero gordo, con toda seriedad: -¿Usted
es Dios, señor? Y
él me responde, mientras corta trocitos de jamón, mientras mueren poco a poco
sus ojos: -No,
no soy Dios, pero sí lo conozco. -¿Cómo
es él? —le pregunto. Y
él me responde: -Es
así. Y
me da su tamaño, su peso, sus medidas.
Héctor Rojas Herazo (Colombia, 1921-2002) |
El tamaño del miedoEl loco estaba tirando piedras a diestra y siniestra cuando surgió el camión, cuadras más allá, primero del tamaño de un juguete, luego del tamaño del miedo, verde y repleto de soldados, y el milico se bajó, lo amenazó con el arma desenfundada, y el loco tiró piedras, piedrecitas, polvo, se fue. Pequeños
cuerpos Los
niños entraron a la casa y destrozaron las jaulas. La mujer encontró los
cuerpos muertos y enloqueció. Los pájaros no regresaron. Triunfo Arciniegas (Colombia) |
GénesisY
el silencio creó a Dios, a su imagen y semejanza. Y
hubo amor, y placer, y virtud en el mundo. Y los días fueron largos, demasiado
largos. Entonces
el hombre creó al Demonio, a su imagen y semejanza. Y hubo así amor y odio en
el mundo, placer y dolor, virtud y pecado. Y
los días fueron cortos, muy cortos. Y
fue bueno vivir. Héctor G. Oesterheld (Buenos Aires 1917)
En 1977 pasó a engrosar la lista de desaparecidos del gobierno militar
Oesterheld è stato lo sceneggiatore dei più grandi disegnatori di fumetti, molti dei quali italiani come Hugo Pratt, Giovanni (Juan) Zanotto, Dino Battaglia, Ivo Pavone e gli argentini Arturo del Castillo, Alberto Breccia, Gustavo Trigo, Horacio Lalia e Francisco Solano Lopez. Sulla mostra organizzata in occasione dei 25 anni della sua scomparsa, vedi: |
Breve antología de la literatura universalCanta,
Oh diosa, no sólo la cólera de Aquiles sino cómo al principio creó Dios los
cielos y la tierra y cómo luego, durante más de mil noches, alguien contó la
historia abreviada del hombre, y así supimos que a mitad de andar de la vida,
uno despertó una mañana convertido en un enorme insecto, otro probó una
magdalena y recuperó de golpe el paraíso de la infancia, otro dudó ante la
calavera, otro se proclamó Melibeo, otro lloró las prendas mal halladas, otro
quedó ciego tras la nupcias, otro soñó despierto y otro nació y murió en un
lugar de cuyo nombre no me acuerdo. Y canta, Oh Diosa, con tu canto general, a
la ballena blanca, a la noche oscura, al arpa en el rincón, a los cráneos
privilegiados, al olmo seco, a la dulce Rita de los Andes, a las ilusiones
perdidas, y al verde viento y a las sirenas y a mí mismo. Luis Landero (España, 1948) |
Nunca se sabeDe
las cuatro ruedas del coche, había una que giraba al revés. Pero era la buena,
porque intentaba alejarnos de una curva que nos destrozó a todos. Confesión
Mi
novia me dijo que un pecho sí, pero que el otro no, porque lo tenía apalabrado.
Colérico y egoísta, perdí el único que quedaba disponible. Pere Calders (España, 1912-1994) |
El gato que vuelaAl
gato que vuela no lo suelen ver más que los trasnochadores impenitentes, y eso
si no pierden de vista la perspectiva de los tejados. El
gato que vuela no es que vuele seguido en el cielo de la madrugada, porque
entonces sería un gran murciélago, sino sólo hacen una cosa: que salta de
alero a alero atravesando la calle, como si volase. Como
los naturalistas nunca andan por las ciudades de cuatro y media a cinco de la
madrugada, no han podido anotar ese salto maravilloso —más vuelo que salto—
que engatuña el cielo delirante en el entrevero de la noche y el día. Ramón
Gómez de la Serna |
Amor idealDespués
de largos años de paciente y afanosa búsqueda, J, dio por fin con esa novia,
esa mujer única a la que un hombre jamás debe dejar pasar. Ella tenía los
colmillos largos y agudos; él tenía la carne blanda y suave: estaban hechos el
uno pare el otro. Poli Délano (Chile, 1936) |
La cartaTodas
las mañanas llego a la oficina, me siento, enciendo la lámpara, abro el
portafolio y, antes de comenzar la tarea diaria, escribo una línea en la larga
carta donde, desde hace catorce años, explico minuciosamente las razones de mi
suicidio. Luis Mateo Díez (España, 1942) |
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