Latinoamerica-online

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Voci dall'America Latina

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

 

Altre Voci dall'America Latina

 

Le pagine della cultura

 

 

Voci contro la guerra

 

Ariel Dorfman: Otra mirada sobre el horror 

Juan Drago: La sangre que derramó esta espada

Hugo Ríos: Las píldoras de vida

 

La mappa di tutte le nostre pagine

mondocaraibi@yahoo.it

 

 

Otra mirada sobre el horror

 

 

Cristóbal Colón tiene palabras desde el otro lado de la muerte para el capitán John White, que cambió el nombre del aeropuerto internacional Saddam cuando sus tropas se apoderaron de él. 

 

Por Ariel Dorfman

 

El último libro de Ariel Dorfman es  "Más allá del miedo: El largo adiós a Pinochet"

 


Algo sé de nombres, Capitán. 

 

Los conquistadores deben siempre tener un
nombre a mano.
Antes aun de la espada, antes de las armas
de fuego.


Vi aquella isla y la nombré San Salvador.
San Salvador porque fue nuestra salvación.

No le pregunté a los nativos
-amables eran, casi desnudos, morenos
bajo el sol tropical-
no les pregunté cómo llamaban ellos ese
lugar

no les pregunté cómo llamaban ellos
su morada

Y no les conté que todos iban a morir
y no les conté que jamás nadie sabría
lo que hablaban
cómo hablaban
que sus palabras serían devoradas
como botes en una tempestad
en medio de la mar triste
como cuerpos en una mina en el desierto


Ahora ellos me enseñan sus palabras y
sus canciones
acá en esta oscuridad que dura y perdura
estudio los modos en que nombraban
la luna y el amor y los adioses
escucho sus susurros del Caribe
y tartamudeo sílabas y muevo los labios
y suavizo
el aire
con el lenguaje que nadie ha murmurado
en esa isla en más de quinientos años

Esta es mi penitencia

 

Y luego vendrá Quechua y luego el idioma
Maya y luego el Tzotzil
y luego las mil y diez lenguas que vivieron
alguna vez

en las tierras que no se llamarían con
mi nombre
en las tierras que se llamarían con ese
otro nombre
Amerigo América
y luego ha de seguir el aprendizaje
Navajo y Guaraní y Nahuatl
y los sonidos que antaño llenaron los oídos
de doncellas feroces

para que la tierra diera su fruto
y hoy no hay quién conozca su nombre
aprendiendo aprendiendo
hasta que me hayan enseñado a pronunciar
hasta la última palabra
cómo se dice amigo
cómo se dice muerte
cómo se dice eterno
cómo se dice penitencia

me van a enseñar cómo se dice penitencia
en sus mil y diez lenguas

y la suya, Capitán?
su penitencia?
aquello que lo espera?

Dijeron que traían la libertad.
Libertad: cuando un hombre decide por
sí mismo.

Dijeron que traían la democracia.
Democracia: cuando una mujer controla
su destino.

Dijeron que traían la liberación.
Liberación: cuando aquellos que hicieron
el mundo
pueden nombrarlo.

Libertad. Democracia. Liberación.
Palabras.
Las palabras suyas, las palabras de los
hombres
que lo mandaron.

Y apenas pudo le puso al Aeropuerto otro
nombre
Es nuestro. Lo tomamos a sangre y fuego.
Henos aquí.

Matamos a los hombres que lo llamaban
de otra manera.
Lo podemos llamar lo que nos dé la gana.
Bajo un cielo ardiendo de bombas.

El Aeropuerto se llama Baghdad ahora.
Y ya no Saddam.

El Aeropuerto Saddam.
No es un nombre que me place, que nos
place, acá,
de este otro lado.
un nombre que maldicen en los sótanos
donde fracturan los dedos
donde desangran los ojos
donde arrancan de raíz los dientes

arrancan de raíz

las raíces de ese nombre Saddam
el que da golpes decisivos
el que resiste

 el que castiga
el que prohíbe

todo todo todo eso aullando dentro de ese
nombre

pero no te tocaba a ti, Capitán,
hacer el cambio
no te tocaba a ti decidir

tu penitencia?

acá te esperan, John Whyte,
acá en la gloriosa polvareda de las palabras
que alguna vez inscribieron en el papiro
papel piedra
acá en la oscura luz de la muerte

te esperan te esperan
os poetas de Irak
Nazami y Omar Khayyam
Ferdowski y Sa'di
esperando como las alfombras en que
solían sentarse
esperando como las fuentes de las que
solían beber

todas las palabras que no se te ocurrió usar
Capitán John Whyte
todos los nombre que no conoces
ni tu propio nombre

 white blanco barakah
barakah que se asocia con barak bendición

tendrás que aprender pronunciar
pronunciar como yo he tenido que ir
pronunciando
palabra tras palabra

el arábigo que no se te ocurrió aprender
como el Nahuatl que yo no conocí
como el Cherokee que nunca conocí

tendrás que aprender

comenzando con las cien palabras
que surgen desde Allah como agua

Rahman El Compasivo
Rahim El Generoso

El Aeropuerto Internacional Rahman
El Aeropuerto Internacional Rahim

puedes escucharlos
aun ahora que avanzas sobre Baghdad
puedes escuchar sus voces

Rahman El Compasivo
Rahim El Generoso


Rahman Rahim

y Salam

Salam
Paz

uno de los atributos de Dios

tu penitencia
John Whyte John Barakah

nunca se te ocurrió

te tratarán en forma compasiva
acá del otro lado


que el pueblo de Irak
podía querer llamar su tierra
con los nombres de Salam
con los múltiples nombres de la Paz?
tu penitencia
whyte blanco barakah

 

les va a tomar
a ti y a los que te mandaron

 una eternidad
y otra eternidad
y otra más

les ha de tomar muchas eternidades
aprender cómo se dice la palabra paz

 

www.pagina12.com.ar

La sangre que derramó esta espada

 

Juan Drago       

 

 

 

 

 

No lo dudes, cuando hablamos de paz construimos la paz, cuando hablamos de guerra, aunque no lo pretendamos, evocamos la guerra. Es cierto que hablar de beligerancia no equivale a disparar lleno de odio, pero lo cierto es que alguien, empujado por intereses económicos, ha echado a rodar la bola de nieve de la confrontación desde la cumbre del poder de este planeta con frialdad calculada, y los medios, prensa, radio, televisión reflejan opiniones, fotos de armamento, declaraciones levantadas en un clima perverso. Todo parece calculado, la tecnología avanzada está al servicio de los intereses económicos, y los obreros y empleados de unos países tendrán que enfrentarse a operarios y campesinos de países a quienes no conocen. La materia prima de las guerras son los pueblos inocentes.  Acaso unos tendrán  la suerte de estar integrados en ejércitos de la más sofisticada tecnología y logística. Pagarán entonces los otros, los niños y ancianos, sufrirán hambre, mutilaciones, destrozarán sus proyectos de vida, como si no fuera ya vivir una angostura que conduce a la muerte. En mi libro Orfeo encuentra el mar hay un poema que resume la inutilidad de cualquier guerra.

 

 

La sangre que derramó esta espada  

 

La sangre que derramó esta espada                                    

el polvo la cobija, en la luz va dispersa.

                                   

La sangre que empuñó esta espada                                   

en libros se cuartea como sueño imposible.

 

Los ojos que la miran sólo ven un espejo                                    

distorsionado y frío donde el dolor triunfa.

Ambas sangres se juntan a espaldas del azogue

así como las aguas que separa una quilla.

 

Este sol que nos nace, este sol que nos puede,

brillar hizo su hoja y mordió sus aceros.

 

También él se consume en tropel amarillo

esparciendo su baba en la quietud magnífica.

 

 

Cronopios - Lunes 31 de marzo 2003

Diario virtual para hombres y mujeres de palabra -- Cronopios trabaja por puro amor al arte 

cronopios@cable.net.co    prensacronopios@hotmail.com 

Las píldoras de vida

 

 

 

 

 

 

Pazlabras encendidas - Desde Doncello, Caquetá, Colombia, zona de guerra, el autor nos hace llegar este diálogo fantástico en torno de la vida y de la muerte. 
Cronopios es una casa de puertas abiertas a los caminos de la paz. 
Somos gente de paz y estamos en la obligación de unirnos para aplacar a los violentos.


por Hugo Ríos


- ¿Tiene algún remedio contra la muerte?
- Sí, señor: las píldoras de vida.

- ¿Me las deja ver?
- Un momento. Son estas.

- ¿Tan chiquitas?
- Sí.

- ¿Por qué rosadas?
- Yo no lo sé. Sólo las vendo.

- ¿Qué sabe de ellas?
- Que son una fórmula secreta de un tal doctor Ross.

- ¿Un gringo?
- No lo sé. El apellido Ross puede ser de cualquier país del mundo.

- Quizás no sea gringo. Es imposible que un gringo invente algo contra la muerte.
- Nunca lo había pensado, pero usted tiene razón.

- ¿Sabe cuánta vida se puede dar o recuperar con una estas píldoras?
- No. No lo sé, supongo que ocho horas, porque los médicos las recetan para que sean tomadas así, cada ocho horas.

- Difícil. Se necesitarían muchas para levantar a los heridos en Bagdad.
- Muchas más para los heridos en Colombia o en Sarajevo o en Bosnia Herzegovina y todos esos lugares de la tierra donde la gente se muere de guerra.

- Pues de todas maneras tendríamos que probar.
- ¿Y cómo?

- Busquemos algún herido a punto de morir y probemos.
- No es fácil. Aquí los heridos casi todos ya están muertos. Y Bagdad queda lejos.

- No tanto. Yo tengo un viejo libro de Las mil y una noches que habla todo el tiempo de Bagdad.
- ¡Ah! Pero allí no hay muertos. Sólo fantasía.

- ¿Qué hacemos, entonces?
- Yo no sé. Podríamos ir a los hospitales donde traen los heridos de otras guerras. Y probar.

- ¿Cuánto cuestan las píldoras?
- Un sobre que trae diez, 30 mil pesos.

- Costoso siempre. Diez sólo prolongan 80 horas la vida. Haga cuentas.
- Costoso, como usted dice.

- ¿Y no existe otro remedio contra la muerte?
- No, yo conozco otro. Sería la paz, pero eso no lo venden.

- Eso sería mucho más dispendioso. Mire cuánto lleva la historia con ese cuento...y nada.
- Pero, bueno. En tantos años como trabajo de farmaceuta jamás se me había ocurrido que aquí tengo guardada la vida en píldoras rosadas. 

- ¿Y, qué piensa?
- Que ahora me va a ser difícil vivir con esta zozobra. Tanta gente necesitando vida y yo aquí guardándola o esperando a venderla.

- Ahí está lo grave: la vida debe ser gratis.
- Vaya dígale eso a los locos de la guerra.

- ¿Cómo hacemos?
- ¿Cómo cuántas píldoras de vida cree usted que deberíamos arrojar sobre Bagdad para llevarle esperanza a los heridos?

- No lo sé. Muchas más que las balas. Porque una bala mata ya, pero las píldoras hacen revivir sólo por 8 horas cada una.
- Uno vive millones de horas. Muchas píldoras.

- Un momento ¿No será que las píldoras reviven a los muertos? Si son de vida...
- Yo no lo sé . La gente viene y las lleva y yo luego los veo siempre vivos, pero jamás se las he vendido a un muerto.

- Yo creo que sí. Si son de vida así tiene que ser.
- ¿Qué vamos a hacer, entonces?

- ¿Sabe de qué están hechas?
- No. Ahora los medicamentos no traen explicaciones y no se sabe qué contienen.

- Véndame un sobre. M e tomaré una y trataré de averigüarlo.
- Tómelo. Ni siquiera se lo vendo. Se lo regalo. La vida no se vende. Usted lo ha dicho.

- ¿Se toman solas o con agua?
- Sin agua. Se deslíen en la boca.

- A ver...¡Es puro azúcar! Esto no tiene nada más que azúcar.
- La vida sabe a azúcar ¿No?

- Sí, creo que no será difícil fabricarlas. Toneladas de píldoras de vida.
- Hagámoslas tres veces más grandes para que duren 24 horas.

- ¿Y después?
- Después a revivir los muertos y a fortalecer a los heridos con píldoras de azúcar.

- De vida, no de azúcar. Lo que pasa es que la vida sabe a azúcar, pero no es bueno decirlo. 
- ¡Qué risa! Me imagino la cara de tristeza de George Bush cuando vea a la muerte edulcorada.

- Saddam Hussein lo mismo.
- Y Tirofijo y el Mono Jojoy lo mismo.

- Y Álvaro Uribe lo mismo. Y todos los políticos lo mismo.
- Y Aznar un asno. Y Blair una serpiente.

- Y nosotros azucarando el mundo.
- ¡Vivan las píldoras de vida!

 

Cronopios - Domingo 23 de marzo 2003

Diario virtual para hombres y mujeres de palabra -- Cronopios trabaja por puro amor al arte 

cronopios@cable.net.co    prensacronopios@hotmail.com 

Latinoamerica-online - Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi 

Ass. Cult. IMAGO MUNDI 

Direttore Mariella Moresco Fornasier

Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 768 del 1/12/2000 

Tutti i diritti riservati