Latinoamerica-online

Cultura, Società e Il Mondo dei Caraibi

Voci dall'America Latina

 

di Mariella Moresco Fornasier

 

Altre Voci dall'America Latina

 

Le pagine della cultura

 

Gabriela, Clavo y Canela, di Jorge Amado (trad. in cast.)

Un narrador en la intimidad, di Roberto Bolaño

Ahora yo tengo la palabra, di Mariana Yonüsg Blanco

Una larga jornada, di Arturo Uslar Pietri

La casa, di Mayra Montero

 

La mappa di tutte le nostre pagine

 

 

mondocaraibi@yahoo.it

Gabriela, Clavo y Canela   (Extracto)

 

por Jorge Amado  (su Jorge Amado vedi pagina Letteratura e Lingua )



Solamente Gabriela parecía no sentir la caminata, sus pies iban deslizándose por la picada muchas veces abierta en ese mismo momento, a golpes de facón, en el corazón de la selva virgen. (...) Parecía una demente perdida por los caminos. Pero Clemente sabía cómo era ella en realidad, y lo sabía en cada partícula de su ser, en la punta de los dedos y en la piel del pecho. (...) Aún hoy, a través de la suciedad que la envolvía, él la veía como la viera el primer día, recostada en un árbol, el cuerpo erguido, el rostro sonriente, mordiendo una guayaba.


—Ni parece que vienes de lejos...
Ella rió: Ya estamos llegando. Estamos cerquita. Es bueno llegar...El rostro sombrío de él se ensombreció todavía más:
—No me parece, no.
—¿Y por qué? —levantó hacia el rostro severo del hombre sus ojos a veces tímidos y cándidos, a veces insolentes y provocadores—. ¿No saliste para venir a trabajar en el cacao, para ganar plata? No hablabas de otra cosa.—Sabes por qué —rezongó él con rabia—. Para mí, este camino podía durar toda la vida. No me importaba...


En la risa de ella había cierta amargura, que no llegaba a ser tristeza, como si estuviese conforme con su destino:
—Lo que es bueno, tanto como lo que es malo, también termina por acabar.
Una rabia sorda subía dentro de él, impotente. Una vez más, controlando la voz, repitió la pregunta que le venía haciendo por el camino y en las noches insomnes:

—¿De veras no quieres venir conmigo, al campo? ¿Tener una tierrita, plantar cacao juntos, nosotros dos? En poco tiempo vamos a tener una plantación propia, podríamos comenzar la vida...


La voz de Gabriela era cariñosa pero definitiva:
—Ya te dije mi intención. Voy a quedarme en la ciudad, no quiero vivir más en el campo. Me voy a contratar de cocinera, de lavandera, o para limpiar la casa de los otros...Agregó, en un recuerdo alegre:
—Ya anduve de empleada en casa de gente rica, aprendí a cocinar.
—Ahí no vas a progresar. En el campo, conmigo, podíamos ir dando un paso siempre adelante...
(...) Clemente la veía erguida y hermosa, la cabellera suelta y el rostro delicado, las piernas altas y el busto esbelto. Se ensombreció todavía más su rostro, quería tenerla con él para siempre.

 

¿Cómo vivir sin el calor de Gabriela?

Un narrador en la intimidad

por Roberto Bolaño

Giovane scrittore cileno, si è fatto conoscere per la particolarità dei suoi temi narrativi, tutti riconducibili a un unico grande tema: il confronto tra l'arte e la barbarie in cui può cadere l'essere umano. L'ambientazione spaziale e temporale dei suoi racconti è la recente storia latinoamericana. La sua produzione è molto recente, anche se già ricca di opere interessanti che gli hanno fatto vincere due premi letterari.

 

Nel 1996 è uscito La literatura nazi en América, romanzo sull'esistenza in America Latina di un mondo letterario con i suoi scrittori, critici, case editrici e lettori, tutti  di rigorosa fede nazista. Dallo sviluppo di questa prima opera sono nati altri lavori che approfondiscono o continuano le vicende e le biografie dei personaggi.

 

Dalla Santiago di Pinochet del 1973 alla Città del Messico del massacro degli studenti del 1968, le vicende  ruotano intorno ai diversi protagonisti, uniti dalla comune vocazione di scrittori d'avanguardia, desiderosi di cambiare il mondo, anticonformisti che fanno della trasgressione il loro stile di vita.

 

La loro sete di libertà assoluta nasconde un lato oscuro: un tratto autoritario e dogmatico, una condiscendenza verso il male che li rende oggettivamente, quando non direttamente complici della peggiore barbarie. I personaggi di Bolaño fanno la duplice esperienza di partecipare alla creazione letteraria e di diventare esecutori della violenza criminale della polizia. 

 

Gli interrogativi sul significato e il valore della libertà intellettuale, dell'estetica, dell'arte, contestualizzati nella storia letteraria, di cui si avverte continuamente l'eco, e civile degli ultimi decenni dell'America Latina, rendono i suoi lavori  più che creazioni letterarie: un vero filo rosso che guida il lettore negli immensi territori della cultura latinoamericana.  

 

[Mariella Moresco Fornasier]

 

Mi cocina literaria es, a menudo, una pieza vacía en donde ni siquiera hay ventanas. A mí me gustaría, por supuesto, que hubiera algo, una lámpara, algunos libros, un ligero aroma de valentía, pero la verdad es que no hay nada.


A veces, sin embargo, cuando soy víctima de irrefrenables ataques de optimismo (que finalizan, por otra parte, en alergias espantosas) mi cocina literaria se transforma en un castillo medieval (con cocina) o en un departamento en Nueva York (con cocina y vistas de privilegio) o en una ruca en los faldeos cordilleranos (sin cocina, pero con una fogata). Metido en estos trances generalmente hago lo que hace toda la gente: pierdo el equilibrio y pienso que soy inmortal. No quiero decir inmortal literariamente hablando, pues esto sólo lo puede pensar un imbécil y a tanto no llego, sino literalmente inmortal, como los perros y los niños y los buenos ciudadanos que aún no se han enfermado. Por suerte, o por desgracia, todo ataque de optimismo tiene un principio y un final. Si no tuviera final, el ataque de optimismo se convertiría en vocación política. O en mensaje religioso. Y de ahí a sepultar libros (prefiero no decir "quemarlos" porque sería exagerar) hay un solo paso. Lo cierto es que, al menos en mi caso, los ataques de optimismo se acaban, y con ellos se acaba la cocina literaria, se desvanece en el aire la cocina literaria, y sólo quedo yo, convaleciente, y un ligerísimo aroma de ollas sucias, platos mal rebañados, salsas podridas.


La cocina literaria, me digo a veces, es una cuestión de gusto, es decir es un campo en donde la memoria y la ética (o la moral, si se me permite usar esta palabra) juegan un juego cuyas reglas desconozco. El talento y la excelencia contemplan, absortas, el juego, pero no participan. La audacia y el valor sí participan, pero sólo en momentos puntuales, lo que equivale a decir que no participan en exceso. El sufrimiento participa, el dolor participa, la muerte participa, pero con la condición de que jueguen riéndose. Digamos, como un detalle inexcusable de cortesía
Mucho más importante que la cocina literaria es la biblioteca literaria (valga la redundancia). Una biblioteca es mucho más cómoda que una cocina. Una biblioteca se asemeja a una iglesia mientras que una cocina cada día se asemeja más a una morgue. Leer, lo dijo Gil de Biedma, es más natural que escribir. Yo añadiría, pese a la redundancia, que también es mucho más sano, digan lo que digan los oftalmólogos. De hecho, la literatura es una larga lucha de redundancia en redundancia, hasta la redundancia final.


Si tuviera que escoger una cocina literaria para instalarme allí durante una semana, escogería la de una escritora, con la salvedad de que esa escritora no fuera chilena. Viviría muy a gusto en la cocina de Silvina Ocampo, en la de Alejandra Pizarnik, en la de la novelista y poeta mexicana Carmen Boullosa, en la de Simone de Beauvoir. Entre otras razones, porque son cocinas que están más limpias.
Algunas noches sueño con mi cocina literaria. Es enorme, como tres estadios de fútbol, con techos abovedados y mesas interminables en donde se amontonan todos los seres vivos de la tierra, los extinguidos y los que dentro de no mucho se extinguirán, iluminada de forma heterodoxa, en algunas zonas con reflectores antiaéreos y en otras con teas, y por supuesto no faltan zonas oscuras en donde solamente se vislumbran sombras anhelantes o amenazantes, y grandes pantallas en las cuales se observan, con el rabillo del ojo, películas mudas o exposiciones de fotos, y en el sueño, o en la pesadilla, yo me paseo por mi cocina literaria y a veces enciendo un fogón y me preparo un huevo frito, incluso a veces una tostada. Y después me despierto con una enorme sensación de cansancio.


No sé lo que se debe hacer en una cocina literaria, pero sí sé lo que no se debe hacer. No se debe plagiar. El plagiario merece que lo cuelguen en la plaza pública. Esto lo dijo Swift, y Swift, como todos sabemos, tenía más razón que un santo.
Así que este punto queda claro: no se debe plagiar, a menos que desees que te cuelguen de la plaza pública. Aunque a los plagiarios, hoy en día, no los cuelgan. Por el contrario, reciben becas, premios, cargos públicos, y, en el mejor de los casos, se convierten en best-sellers y líderes de opinión. Qué término más extraño y feo: líder de opinión. Supongo que significará lo mismo que pastor de rebaño, o guía espiritual de los esclavos, o poeta nacional, o padre de la patria, o madre de la patria, o tío político de la patria.


En mi cocina literaria ideal vive un guerrero, al que algunas voces (voces sin cuerpo ni sombra) llaman escritor. Este guerrero está siempre luchando. Sabe que al final, haga lo que haga, será derrotado. Sin embargo recorre la cocina literaria, que es de cemento, y se enfrenta a su oponente sin dar ni pedir cuartel.

da ClarÍn suppl. Cultura y nación - Buenos Aires, 25 marzo 2001

Ahora yo tengo la palabra

 

por Mariana Yonüsg Blanco

 

La poesia che viene presentata con a seguito la traduzione italiana fa parte della raccolta Io nasco donna, e basta, pubblicata da La Piccola Editrice (convento.cel@ in.it) con la prefazione di Giancarla Codrignani e un contributo in appendice di Dacia Maraini. La traduzione dallo spagnolo, anch'essa tratta dal testo citato,  è di Cristina Ronzoni.

 

Mariana Yonüsg Blanco è venezuelana di nascita e nicaraguense di adozione. Per la sua nuova patria lottò dal 1978, l’anno precedente il trionfo della rivoluzione sandinista. Ha lavorato con le donne in campagna e nei programmi di educazione sanitaria per alcuni anni per dedicarsi, a partire dal 1984, a un lavoro non istituzionale con le donne del collettivo Mujeres de Matagalpa. I maltrattamenti e le violenze subite dalle donne nella machista società nicaraguense costituiscono l’ambito del lavoro di sensibilizzazione e di intervento legale del collettivo, che ha continuato a lavorare anche dopo la caduta nel governo sandinista, grazie all’appoggio di gruppi di donne europee.  

 

"Queste donne si sono rese conto che la vera povertà del nostro tempo è l'essere espropriati della propria identità profonda e della differenza e a partire da sé, dalla propria liberazione, hanno iniziato a vedere i problemi dall'altra parte, dalla parte della singola donna, incontrata in città, nella campagna o isolata in montagna e a confrontarsi in solidarietà le une con le altre". [dall'introduzione]

Mariana Yonüsg Blanco ha vinto numerosi premi di poesia e i suoi lavori sono stati pubblicati anche su riviste europee.   

 

[m.m.f]

 

 

Ahora yo tengo la palabra

y descubro que la palabra es buena

oigo mi voz

resuena

choca contra los cuerpos sólidos y fríos

pero se filtra en los intersticios posibles

y despierta miradas

que interrogan o niegan

afirman o desdeñan

pero escuchan.

Oigo mi eco sonoro

y grito a veces por el simple placer de oirme

o para decapitar pedestales.

Mi voz despierta la vida

e inventa un lenguaje agridulce

para nombrar los seres, las cosas, los hechos.

Cargada de magia está mi palabra.

Suelto la palabra para pulir espejos, reflejarme en ellos

e interrogarlos en busca de mí misma.

¿Quien fuí

quien soy

quien puedo ser?

¿Dónde enmudecí, cuándo y por qué?

Desde el sonido de  mi voz hasta el silencio

voy en busca de las mordazas

para encender hogueras.

Interrogo

¿dónde están las diosas lunares

las parteras

las brujas

las amazonas?

Me perdí en esos términos genéricos

que olvidaron mi género

me perdí cuando hablé por su boca

me perdí cuando su palabra fué mi voz

me perdí cuando en alguna derrota

me condenaron al silencio y la negación.

Todos ensordecieron a mi voz

aguda, metálica

de palabras dulces que llamaron tontas

de voces furiosas que llamaron histéricas

y desoyeron mis razones

y ya no importaba nombrarme

ni nada de lo que por mí era nombrado.

Del susurro al grito

voy recobrando la palabra

voy contando mi historia

sin la voz del patriarca

voy limpiándome la piel de los calificativos

con los que me confiscaron la palabra

bruja, puta, loca, pecadora.

Aún no lo he dicho todo, pero lo haré

porque ahora yo tengo la palabra

 

Nicaragua, 1987

Ora ho la parola

                                                            

Ora  ho la parola

e scopro che la parola è cosa buona

ascolto la mia voce

risuona.

Si infrange contro i corpi solidi e freddi

ma filtra fra gli interstizi possibili

e risveglia sguardi

che interrogano o negano

affermano o disprezzano

ma ascoltano.

Ascolto il mio eco sonoro

a volte grido per il semplice piacere di sentirmi

o per decapitare piedistalli.

La mia voce risveglia la vita

e inventa un linguaggio amaro e dolce

per dare nome agli esseri, alle cose, ai fatti.

Carica di magia è la mia parola.

Libero la parola per lucidare specchi, riflettermi in essi

e interrogarli in cerca di me stessa.

Chi sono stata

chi sono

chi potrò essere?

Dove sono ammutolita, quando e perché?

Dal suono della mia voce fino al silenzio

vado a cercare i bavagli

per appiccare roghi.

Interrogo:

dove sono le dee lunari

le levatrici

le streghe

le amazzoni?

Mi sono persa in quei termini generici

che dimenticano il mio sesso

mi sono persa quando ho parlato per bocca loro

mi sono persa quando queste parole sono state la mia voce

mi sono persa quando nella sconfitta

mi hanno condannata al silenzio e alla negazione.

Tutti sono diventati sordi alla mia voce

acuta e metallica

di parole dolci che altri dissero sciocche

voce furiosa che altri chiamarono isterica

non hanno sentito le mie ragioni

non aveva importanza nominare me

né tantomeno ciò che dicevo.

Dal sussurro al grido

vado riprendendo la parola

vado raccontando la mia storia

senza la voce del patriarca

mentre libero la pelle dagli aggettivi

con cui mi hanno confiscato la parola

strega, puttana, pazza, peccatrice.

Ancora non vi ho detto tutto, ma lo farò

perché ora io ho la parola!

 

Nicaragua 1987

Una larga jornada

 

 

por Arturo Uslar Pietri

 

 

E' questo l'ultimo articolo che l'intellettuale venezuelano, morto il 26 febbraio 2001, scrisse per la rubrica Pizarrón, che veniva pubblicata ogni domenica sul quotidiano di Caracas El Nacional. L'articolo, uscito il 4 gennaio 1998, parla dell'importanza del giornalismo nella cultura latinoamericana.

 

A todo lo largo de mi larga vida he escrito artículos para los periódicos. Esta es una vieja tradición de los intelectuales latinoamericanos. Buena parte de lo más importante de la literatura hispanoamericana se ha publicado como material de periódicos. La publicación de libros era escasa, difícil y costosa y la mayoría de los periódicos de la época eran más de opinión que de información. 
En esto, en cierta forma, se seguía el ejemplo de lo que fue la tradición periodística en España y en Francia en el siglo XIX. Las figuras literarias más importantes escribían para los diarios de aquel tiempo. 

 

De esta manera, el escritor se convertía en una figura pública que tomaba parte importante en los grandes debates nacionales. Bastaría recordar la inmensa repercusión que tuvo el artículo publicado por Emile Zola, en pleno affair Dreyfus: ``Yo acuso'', que tuvo toda la importancia de un gran acontecimiento político. En la América española se siguió rápida y brillantemente el ejemplo. 
Lo más importante de la literatura hispanoamericana, en el siglo XIX, se publicó en diarios, lo que, de alguna manera muy eficaz, convirtió a los diarios locales en vehículos de los grandes cambios literarios e ideológicos. Lo más importante del Romanticismo hispanoamericano se publicó en periódicos, como fue el caso ejemplar del ``Facundo'' de Sarmiento, y prácticamente toda la difusión, muy importante y de vastas consecuencias, del Positivismo, se hizo, igualmente, en los periódicos. 


Los grandes combates políticos e ideológicos que sacudieron la América Latina desde la Independencia tuvieron por escenario los periódicos y esto le da ciertas características muy importantes. La prensa latinoamericana, siguiendo particularmente el ejemplo de la francesa y de la española, fue fundamentalmente un instrumento de propaganda política, sin olvidar, desde luego, el gran papel que desempeñó en la difusión de nuevas corrientes literarias. 
La mayor parte y lo más importante de la gran revolución literaria, que fue el Modernismo, se hizo al través de algunos grandes diarios. Desde luego, este fenómeno tuvo mucho que ver con la política. Las consecuencias fueron muchas y de muy distinto carácter. 


Una de las consecuencias más visibles de este fenómeno fue el carácter predominantemente político y revolucionario que tuvieron algunas modas literarias, como el caso del Romanticismo y del Positivismo. Es a través de las colaboraciones de prensa que se dieron a conocer los más notables escritores latinoamericanos del último siglo y ello le da una importancia relevante al artículo de prensa en la historia del pensamiento en la América Latina. Es una relación muy peculiar la que se llega a establecer entre el escritor de artículos de prensa y sus lectores, en una constante relación de provocación o de aquiescencia. Desde cualquier punto que se vea, se escribe para alguien, lo que significa, también, que, en alguna forma, se espera una respuesta. Toda palabra expresada, cualquiera que sea su carácter, toma el aspecto de un diálogo y es, precisamente, esa noción evidente y poderosa la que mantiene y explica al columnista de prensa. 

 

Toda mi vida, y particularmente de una manera regular y constante desde 1948, he mantenido una colaboración de prensa continua, que ha tenido la suerte de ser acogida por muchos de los principales diarios del mundo de lengua española. No se trata, evidentemente, de un monólogo, en el que alguien dice lo que se le ocurre sin dirigirse particularmente a nadie, sino estrictamente, de una forma muy rica, del diálogo. Esto explica el carácter tan peculiar de la literatura para periódicos y su inmenso poder de influencia en la formación de la opinión pública.


El ejemplo de algunos grandes columnistas de prensa permite asomarse a la rica complejidad de esta relación. En el más estricto sentido de la palabra, no hay monólogo. Toda frase, en alguna forma, tiende a provocar una respuesta. 
Por muy largos años he mantenido esta columna, con un claro sentido de propuesta y de obligación, hasta llegar a formar parte importante de mi existencia. La interrumpo hoy porque he entrado, inevitablemente, en esa dura etapa de la vida, que es el repliegue. Todo ello constituye un cambio muy importante para mí, que espero que algún no tan remoto ni ocasional lector comparta sinceramente. 

La casa

 

por Mayra Montero

 

Nata all'Avana nel 1952, vive a San Juan de Porto Rico, dove svolge attività giornalistica. Autrice di racconti e romanzi, è conosciuta anche in Italia, dove ha pubblicato Da Haiti venne il sangue per Feltrinelli e Come un tuo messaggero per le edizioni Guanda.

In entrambi i romanzi il destino dei protagonisti è condizionato dalle forze occulte che si manifestano nella santeria e nel vodu, culti di cui la scrittrice dimostra di avere una conoscenza non superficiale.

Ambientati in situazioni reali, i racconti di Mayra Montero permettono di conoscere la storia, quella dei grandi avvenimenti come quella quotidiana di chi li subisce, da un'ottica interna, l'ottica di chi li vive con tutto il loro carico di drammaticità ma senza rendersi conto, forse, della loro eccezionalità storica e sociale.

La casa è la storia di un ritorno e di un reincontro. Quello con la casa della propria infanzia e con i ricordi che vi sono rimasti imprigionati. Un tema che facilmente poteva portare ad esiti scontati, ma che viene trattato con tocco leggero, venato di affettuosa attenzione, non solo verso i propri sentimenti e le proprie emozioni, ma anche verso chi si trova ad essere testimone della ricerca del proprio passato.  

 

[m.m.f]

 

Hace poco estuve en la casa donde viví de niña. Una cosa es crecer viendo el lugar exacto donde transcurrió la niñez, viéndolo de vez en cuando, aunque no se viva más allí, y otra muy distinta dejar de verlo, de un golpe y para siempre, por treinta y tantos años consecutivos. La ventaja, en este último caso, es que nada cambia. Y la esquina donde dormía el gato sigue siendo la esquina del gato; y el patio donde correteaba el perro, sigue siendo el patio del perro (nótese que siempre fui bígama), y la escalera por la que subí con dificultad, recién operada de apendicitis, sigue siendo la misma escalera.

 

Hay polvo y devastación. Pero las paredes están allí, las mismas. Y el balcón (por el que a veces sueño que me estoy cayendo, o sueño que miro hacia ninguna calle), también está. El hombre que ahora habita mi casa, que sigue siendo mía -pero no en el sentido de títulos de propiedad y esas estupideces, sino en el sentido cabal de tiempo que se detuvo a tiempo- me recibe diciéndome que ya sabía que yo estaba en La Habana, porque me había escuchado por la radio. Fue marino mercante, y ahora es un viejo que navega en una casa donde vive el fantasma de una niña. Es un negro altísimo y afable, y le pregunto si puedo ver mi casa. 

 

Debería darme vergüenza, pero no me da, todo eso es mío: las losetas del suelo, con los mismos dibujitos en los que yo me ensimismaba cuando tenía diez u once años, y el baño donde se afeitaba mi papá, y sobre todo el cuarto. Entro a mi cuarto. Elevo los ojos y allí está la ventanita por donde se colaban toda clase de monstruos. A mi alrededor, hay un montón de cachivaches, el hombre tiene ese cuarto de trastero.

 

«Es que mi señora murió», me dice, a modo de disculpa, cuando me ve el reproche en la mirada. Necesito urgentemente mi cama, y mis fotografías de Edgar Allan Poe y de Dostoievski. Y la de Cesare Pavese, que arranqué de una revista. El marino espera con paciencia mientras yo abro y cierro la ventanita de los monstruos. Le digo que esa ventana solía dar golpes cuando había tormenta.

«Sigue dando golpes», me responde.

Miro a mi alrededor y descubro que también necesito mis afiches y mi uniforme del colegio. Necesitaré un montón de libros.

«Déjeme dormir aquí esta noche», digo de pronto.

 

Durante sus años de marino mercante, estoy segura de que este lobo de mar capeó huracanes y jaurías de tiburones; se las tuvo que ver con conatos de incendio y broncas a bordo. Pero jamás había sentido un estupor tan vivo. Con estupor me mira.

«¡Cómo va a dormir aquí!», exclama. «¿No ve como está todo esto? Ay, mima (mima quiere decir mamita en cubano), yo voy a pintar este cuarto y cuando usted vuelva, dormirá aquí todas las noches que quiera».

 

Muevo la cabeza de un lado para otro. Insisto en que quiero dormir en mi cuarto. Es éste, no hay otro. Hablo en presente y el hombre se achica, se rasca la cabeza mirando a su alrededor, como buscando un cabo. No en balde fue marino.

«Lo voy a pintar. Ahorita mismo iba a salir a buscar la pintura».

 

Es la conversación de un viejo que trata de engañar a una niña. O el diálogo de un desesperado que intenta consolar a una loca. Estoy clavada en mi cuarto, buscando con la vista la foto de Ana Frank (también tenía una foto grande de Ana Frank), y en eso un alma compasiva interviene silenciosamente, me toma por un brazo y me saca del cuarto, y luego de mi casa. Entonces me mete en un automóvil, recorremos calles y nos bajamos frente a la casa de mis abuelos.

 

Allí yo nunca tuve fotos, sino ruidos. Había ruidos en el techo, ecos y golpes que siempre me dieron miedo. Y por suerte, aquellos techos se conservan. Está intacto el artesonado, e intactas las lámparas de hierro. La mujer que se quedó viviendo en esa casa, que además me conoce desde que nací, me ofrece, sin que se lo pida, una de las habitaciones para que duerma en ella cuando se me antoje. «Esta sigue siendo la casa de tu abuelo», musita.

 

Respondo que donde quería dormir era en mi cuarto, en mi propia casa, que ahora es un barco donde manda capitán, es decir, un marino mercante retirado que está planeando pintar los camarotes. Ella se ríe, y yo paso la mano por los sevillanos azulejos que cubren la pared del comedor, y que se conservan igual, pero igualitos. En eso la oigo decir que la nevera que tengo ante mis ojos es la misma que compraron mis abuelos a fines de los años cuarenta; todo un prodigio de supervivencia, la joya de la corona de la casa Westinghouse, que enfría como si la acabaran de estrenar. Abre la nevera para demostrarme cuán digna está por dentro y es como abrir la caja de Pandora. Salen olores gallegos de esa caja, y palabras gallegas, y un par de apodos, gallegos también, con los que mi abuela me solía llamar.

 

Al final, la mujer me entrega un montón de cartas de los años treinta que descubrió hace poco, en un ropero abandonado. Son cartas que viajaron, en aquellos años tan remotos, desde Ferrol hacia La Habana. Cartas de mi bisabuelo, que tenía una letra cariñosa. Y cartas de los demás parientes que optaron por quedarse en el lugar en donde habían nacido, durmiendo en sus propias casas, envejeciendo con ellas. En las cartas del año treinta y nueve, todo el que escribe hacia La Habana pide jabón. Mi bisabuelo pide cortésmente a sus dos hijos que por favor le manden unas cuantas pastillas de jabón. Las cartas, todas ellas, huelen a guerra. Las he leído en el bar del hotel donde me hospedo, que es el sitio donde se deben apurar los tragos amargos, y los menos amargos.

 

Siempre, inevitablemente allí. 

da El Nuevo Día - San José de Porto Rico, 11 marzo 2001

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Ass. Cult. IMAGO MUNDI 

Direttore Mariella Moresco Fornasier

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