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Esta Patria en declive

 

Carta a Manuel Cepeda Vargas

 

 

 

Gloria Cepeda Vargas    escritora colombiana

 

 

Sitiada por los requerimientos cotidianos, hace tiempo no te escribo. Pero sucede que el 9 de agosto del 2004 se cumplieron diez años de haberte ido a cantar y a luchar a otra parte.



Cada día veo más claro el porqué de tu ausencia. Eras una piedra en el zapato de muchos de los que hacen alarde de conciencia militante y por eso el dilema que en vano intentaste resolver, te doblegó sin concesiones.



Eran otras tus miras. Otro el hilo con que intentabas remendar el vestido de esta patria en declive. Hoy sé que luchar contra la corriente es empresa fallida. Lo dijiste con ese tono entre escéptico e irónico que sazonaba tus poemas: "Esto va a ser para largo/ que así lo entienda la gente/ no van a desensillarnos/ de repente/ Despierten si están dormidos/ indiferentes..."



Hace unos días, hojeando a Neruda, retrocedí en el tiempo: tú te mirabas en "los ríos arteriales" del "Canto General" y yo en la lluvia que calaba las páginas de "Estravagario". Intentábamos explorar esa caverna que, a pesar de las vueltas y revueltas, espejea sin tregua. Debo decírtelo una vez más: "La espada en la piedra" e "Incitación al nixonicidio", son dos libros escritos por Neruda en el más burdo estilo panfletario. Lo sabes y espero que no me contradigas como solías hacerlo cuando hablábamos de sus debilidades y fracasos.



En esa barahúnda sin cuartel que te arrasó la vida, sigues siendo insustituible. No hay quien te iguale en el fervor de la palabra ni en el valor suicida que te llevó, absorto y ciego, por caminos y atajos. Sé que viviste como lo hacen quienes escogen su destino. Que a pesar de la miel que nos doró la infancia, lograste dar el salto y que, no obstante la rudeza del día, el sentimiento y la verdad te arrebataron para siempre.



Como uno de mis primeros deslumbramientos, recuerdo la evocación que hiciste de la obra poética de Barba Jacob. Ahí encontré el origen de su trashumancia dolorosa. El "ancho grito de eternidad" con que mitificaste sus desvíos, lo iluminó sin delatarlo.



Los humanos somos criaturas de flaqueza. El testimonio de las cosas y los seres amados, se diluye como un rastro de humo. Necesitamos volver al gesto, al tono de la voz, al ademán, al perfume. El 9 de agosto de 1994, se te apagó la sombra. No importa ahora quiénes fueron los autores de un crimen tantas veces digerido por este país inconmovible.



Mira si fuiste un hombre de huesos, piel y sangre colombianos, que a pesar de haberte derramado por los aires y las hablas del mundo, permaneciste uncido a la tierra donde aprendimos a rodar.

Ya una vez escribiste: "Sobrevendrá la victoria de la utopía". ¿En qué tiempo sin tiempo te quedaste? Quizá trasponiendo el desierto que nos separa de lo desconocido, fuiste con Mayakovsky o con Vallejo a reanudar el diálogo interrumpido en la mitad del mar.



Releyendo tus versos, intento hallarte. Palpar el filo de tu limpio cristal. El desvelo de tus pinceles y tus libros. El tremor de esa ráfaga que, trasponiendo una ventana abierta a lo implacable, te oyó decir:

               Recuerdo un ave blanca, un río,


               un agua oscura y un velero.


               Debí mirar un poco más,


               amar, luchar un mundo más,


               para dormir me sobra tiempo.




De mi libro "Carta a Manuel", "Elegía en agosto":  

 

No entiendo y no entender es grito desplomado


sobre un mar de tentáculos hirvientes.


La lámpara me dice que en la calle


se volvió humo y ceniza


tu edificio de pájaros.



Hay un hueco de brasas apagadas


en la cortina, en el tapiz que vuela,


¡Eras tan joven! ¡Tan de sol ardiente!


¿Dónde empezaba el mundo?


¿En qué suburbio a media luz, crecía


tu girasol radiante?



¿Cómo fue que los ángeles proscritos,


los grises hombrecitos de cemento,


las bandera, los himnos,


te dejaron marchar? ¿Por qué la vida


que tenía en tu brazo un río combatiente


permitió que te fueras


hombre de savia dulce, de cristal poderoso?



Un reloj que apacienta la ternura


de los siglos dormidos,


una estrella que riela


sobre tu poesía, sobre tu alma,


sobre tus caballitos inocentes


me dicen que esperaste ¿o no esperaste?


¿o no estabas y estabas en vigilia


junto a la mineral doncella desflorada?



Arde tu voz y truena como el cielo, a lo lejos,


se apaga y resucita


a gritar que en un charco que alimenta


a los hombres de lodo


se subasta la vida.



Los últimos papeles te encontraron


en el umbral del alba


sorteando el horizonte del ave de rapiña,


clamando por los huesos insepultos,


por el hambre y el frío,


por la historia


de esta Colombia, roto cántaro abandonado.



Te sea leve ese patio de arcos desconocidos


donde ahora amaneces,


donde palomas nuevas y manzanas de oro


te acompañan.



Ahora podrás pensar y cantar sin fatiga


-ni aves ni mariposas mutiladas-


Atrás quedó la arena movediza


y esta noche


tu noche


la de todos.


 

  Latinoamerica-online 

Ass. Cult. Imago Mundi - Direttore  responsabile Mariella Moresco Fornasier

Registrazione presso il Tribunale di Milano n. 768 del 1/12/2000  e n. 258 del 13/04/2004 

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